La fijeza

ISBN CM: 9788499536415
ISBN tapa dura: 9788411266581
ISBN rústica: 9788499538488

Descripción

En 1949 el escritor cubano Jorge Mañach agradeció a José Lezama Lima en una carta pública el regalo de un ejemplar de su libro de poemas La fijeza, editado en «esas bellas ediciones de la revista Orígenes, que usted viene dirigiendo desde hace algunos años con heroísmo y prestigio sumos». Por entonces ya Lezama era una figura en el panorama literario cubano y reivindicaba su parcela en él, con sus particularidades inherentes. Había madurado también su sistema poético, que, en La fijeza alcanza un esplendor que luego quedará reforzado en sus ensayos.

La fijeza debate la posibilidad, anhelada por Lezama, de un creación verbal, en cuyo acto quede abolida la causalidad. Poemas como:

Rapsodia para el mulo
Muerte del tiempo
Procesión
Tangencias
Éxtasis de la sustancia destruida
Resistencia

Son un paso más allá en el camino que recorre Lezama. Aquí el autor avanza en su intento de hacer de la poesía un sistema que nos revele un mundo nuevo, cuya causalidad es la de las conexiones poéticas.

 

Fragmento de la obra

Los ojos del río tinto

I

(Coro)

Son ellos, si fusilan
la sombra los envuelve.
Doble caduceo trituran,
pelota los devuelven.

Toscos, secos, inclinan
la risa que los pierde,
o al borde de la verde
ira taconan jocundos.

Gimen si manotean;
callan, taladran el oído
añicos o pestañeos.

Movidos al estampido
crótalos inician leves
los arqueros aqueos.

 

II

(Égloga)

La nube los destroza
y la mosca gobierna
el ritmo que se goza
en una sola pierna.

El tapiz no acaba
en la flauta siete ojos,
ojos que sonaban
teclas de la araña.

El tapiz no cierra
ojo de la huraña
fiesta que excusa
si el pañuelo baña
en sangre de guerra
pastores de Siracusa.

 

III

Una ráfaga muerde mis labios
picoteados por puntos salobres
que obstinados hacían nido en mi boca.
Una ráfaga de hiel cae sobre el mar,
más corpulenta que mi angustia de hilaza mortal,
como gotas que fuesen pájaros
y pájaros que fuesen gotas sobre el mar.
Lluvia sombría sobre el mar destruido
que mi costado devuelve finamente hacia el mar.
Mis dedos, mis cabellos, mi frente
luchan con mi costado, mi espalda
y mi pecho.
En esos días irreconciliables,
fríamente el ojo discute con la mirada
y la combinatoria lunar no adelanta en mis huesos.
Estoy en la torre que quería estar:
un tegumento que puede unir cabellos,
una sonrisa que traiciona la línea del mar.
la cantidad innumerable de dioses secuestrados,
el hierro torcido e hirviendo de las entrañas
del mar han huido sin un gemido acaso.
Mi indolencia peinaba la frente del mar
y originaba la muerte
en aquellos seres fieles, veloces e inocentes.

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