La judía de Toledo

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 221
ISBN ebook:9788498975734
ISBN papel:9788496428201
Páginas:132
Portada:Sinagoga Santa María la Blanca. Toledo
Editor:Vern G. Williamson
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Descripción

En La judía de Toledo Antonio Mira de Amescua relata la historia de una familia judía de la España de Alfonso VIII es desterrada por éste de la ciudad de Toledo. Hacia 1270, la Crónica General de Alfonso X el Sabio alude por primera vez a un episodio de la vida de Alfonso VIII (1155-1214): en 1170, recién casado con Leonor de Aquitania, se enamoró de una judía de Toledo, Raquel, la «Fermosa», y se encerró con ella durante casi siete años olvidando a su legítima mujer y su reino. Los nobles de la Corte decidieron matar a la judía de Toledo.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen Raquel dama, y David, su padre.)

Raquel: Suspende de tus ojos,
padre y señor, el repetido llanto,
que te ha causado enojos,
y si mi amor puede contigo tanto
como mi confianza,
alcance amor lo que el dolor no alcanza.
La causa que tuviste
para tanto pesar me comunica;
y si tu llanto triste
en mudas quejas su dolor explica,
pues que no sea tanto,
dígamela tu voz, mas no tu llanto.
¿Por qué tu pena escondes?
Mira que dando estás tormento al alma.
En fin, ¿no me respondes?
Mira que ya con tan penosa calma
el dolor engañamos.
¡O sintamos los dos o no sintamos!

David: Eres, hija, importuna
enemiga de ti, cuando engañosa
buscas que tu fortuna
te haga más infeliz por más hermosa,
apurando el veneno
que oculta el pecho de recelos lleno

Raquel: Si el mal comunicado
halla alivio en la pena que mantiene,
reparte tu cuidado,
y el dolor hará menos, que te tiene
en tan duro tormento,
ya, de puro sentir, sin sentimiento.
Comunica tus males
y templaré al oírlos el tenerlos;
que si los hizo iguales
el amor, no se aumentan con saberlos;
y quizás al oírlos,
descansará tu pecho con decirlos.

David: Raquel, este cuidado,
que así es líquido aljófar desperdicio,
no solo en mí ha empleado
el duro golpe que me priva el juicio;
que a muchos toca siento
mas no por eso es menos mi tormento.
Toda mi ley padece
el golpe de fortuna más airado;
que el dolor ennoblece,
siendo el honor, Raquel, el injuriado
triste y común afrenta.

Raquel: ¿No me dirás la causa?