La manganilla de Melilla

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 352
ISBN ebook:9788498979220
ISBN papel:9788496290709
Páginas:130
Portada:Mapa de Melilla de 1783
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Descripción

En La manganilla de Melilla Juan Ruiz de Alarcón relata un episodio sucedido en la ciudad española de Melilla en el siglo XVII, conocido como el «Suceso del Morabito». Un lider morisco convenció a los suyos de que tenía poderes sobrenaturales para adormecer a los cristianos defensores del lugar. El alcaide de la plaza, Pedro Venegas, ordenó abrir de las puertas de la muralla de la ciudad y los españoles derrotaron a los musulmanes en una audaz emboscada.
Al igual que La cueva de Salamanca, esta obra también alude a la magia y el esoterismo. Asimismo el capitán Venegas, hombre valiente y osado, se vale de la astucia para vencer a los musulmanes. Ruiz de Alarcón recurre a sucesos históricos para construir uno de sus dramas más logrados. Alarcón critica la mentira. En La manganilla de Melilla, la mentira es un recurso usado por todos para conseguir sus fines.​ En este caso el sargento Pimienta miente impelido por su deseo de poseer a Darja y a Alima, moras cautivas de los cristianos.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen Pimienta, de moro, y Alima de noche.)

Alima: ¿Dónde estamos? ¿Qué castillo
y qué torres son aquéllas?

Pimienta: Ese lugar es Melilla,
las torres su fortaleza.

Alima: ¿Por qué me engañas, traidor?
a Fez dices que me llevas,
y a Melilla me has traído,
que es de cristianos frontera.
¡Perdida soy! ¡Ay de mí!
¿Por qué, enemigas estrellas,
hicistes de la desdicha
tributaría la belleza?
¡Triste yo! ¿Quién me diría
ayer, cuando hombres y selvas
con libertad divagaba
y mandaba con soberbia,
que hoy, cuando con blancas urnas
vertiese la aurora bella
a los aires oro en rayos,
y a los campos plata en perlas,
yo también triste daría,
a un hombre extraño sujeta,
lágrimas tiernas al suelo,
y al viento llorosas quejas?

Pimienta: (Aparte.) (¡Con cuánta gracia lo llora!
Mas por Dios, que como peina
ya en los riscos orientales
Febo sus rubias madejas,
va descubriendo la mora
un nuevo Sol en sus hebras,
un nuevo oriente en sus ojos,
y en su llanto un alba nueva.
¡Ah, cielos! ¿Tan gran tesoro
entre engañosas tinieblas,
avarienta de mis dichas,
me ocultó la noche fea?
No vieron humanos ojos
partes jamás tan perfetas;
afrenta de Venus es,
y honra de naturaleza.
No llega la admiración
donde la hermosura llega;
cobarde está la alabanza,
presumida la belleza.)
Mora hermosa, ¿qué te afliges?
¿Qué lloras? ¿Qué te querellas?

Alima: Por mi libertad perdida,
que es la más preciosa prenda.
¡A Melilla me has traído!
No es por bien. Venderme intentas.
Moro vil, ¿a los cristianos
entregas tu sangre mesma?