La monja alférez

ISBN rústica: 9788496290143

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Descripción

Aquí se cuenta la vida de Catalina de Erauso, La monja alférez, quien tras abandonar el convento de San Sebastián, se vistió como hombre y se fue a América, donde alcanzó el grado de alférez. Catalina mató a muchos hombres en duelos y reyertas, entre ellos a un hermano, y tuvo varios escarceos amorosos con otras mujeres. Fue detenida en Perú y condenada a muerte tras otra de sus habituales trifulcas. Entonces se supo que era virgen y el obispo de la región la perdonó. De regreso a España fue recibida por el rey, que respetó su grado militar y le autorizó a usar nombre masculino. También el Papa le permitió vestir de hombre. Tras estas aventuras regresó a América, esta vez a México, abrió un negocio y vivió como hombre hasta su muerte.
La historia de La monja alférez, fue contada por la propia Catalina y ha sido llevada al teatro por Juan Antonio Mateos y Juan Pérez de Montalbán.

 

Fragmento de la obra

Acto I

(El locutorio del convento de Santa Catalina. Puerta al fondo y laterales que comunican con el interior.)

Escena I

(La abadesa, dos sacristanes; la madre escucha en el fondo.)

Sacristán 1: ¿Qué queréis, madre abadesa?

Abadesa: Que tengáis todo dispuesto
porque el conde de Cifuente
visitará hoy el convento.
De todos los bienhechores, 5
sin duda es el más espléndido.
¡En este año, seis dotes
fundó!

Sacristán 2: ¡Que señor tan bueno!
¡Pobre señor!… ¡Esa hija
es un castigo del cielo! 10
¡Qué violencias, qué arrebatos,
una furia es del infierno!
Desde que ha pisado el claustro
es un desorden tremendo.
La regla nunca obedece 15
y con ademán severo
nos domina y aturrulla;
vamos, la tenemos miedo.

Sacristán 1: In nomini patrii et fili…

(Todos se persignan.)

Abadesa: ¡El diablo está en el convento! 20
Comienzan a sublevarse
las novicias con su ejemplo.
Anoche acabó el rosario
con un motín, con un pleito,
en que rodaron las velas 25
con todo y los candeleros.
Yo perdí la disciplina
y el rapé que siempre tengo.

Sacristán 1: Y es preciso tolerarla.

Abadesa: Es hija de ese buen viejo. 30
¡Uf, si no fuera condesa,
ya desde el primer momento!…
¡Pero el conde, no, imposible,
veremos andando el tiempo!
Ya viene, se oyen sus pasos. 35

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