La morisca de Alajuar

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 371
ISBN ebook:9788499532332
ISBN papel:9788496428607
Páginas:158
Portada:Christoph Weiditz: Libro de vestuarios
Category:
Author:

Categoría: Etiquetas: ,

Descripción

La morisca de Alajuar. Ángel Saavedra. Duque de Rivas:

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

La acción pasa en el reino de Valencia a fines del año de 1509 y principios del de 1610

Escena I
Representa una amena cañada en las cercanías de la villa de Alajuar, rodeada de ásperos montes. Después de cantar dentro los cuatro primeros versos, salen diez o doce jóvenes aldeanas moriscas, y detrás de ellas, María y Felisa; todas con cantarillos, como que van por agua a la fuente

Todas: (En coro, dentro):
No tenga fe ni esperanza
quien no estuviere en presencia.

Todas: (En coro, dentro):
Pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia.

(Entran todas.)

Aldeana 2ª: (Canta): Quien quisiere ser amado,
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado.

Aldeana 1ª: (Canta): No tenga fe ni esperanza
quien no estuviere en presencia.

Todas: (En coro cantan):
Pues son olvido y mudanza
las condiciones de ausencia.

(Vanse.)

María: (Deteniendo a Felisa.)
Déjalas llegar, amiga,
al dulce raudal, y aquí
queda un rato junto a mí,
a consolar mi fatiga.
Que esa insensata canción,
con que dan vida a este ejido,
todo un infierno ha metido
en mi roto corazón.
Y miente la letra, miente,
pues amor que no es vulgar
nunca más firme ha de estar
que cuando está en un ausente.

Felisa: Singular es tu constancia,
¡oh hermosísima María!,
y ese amor, que desafía
al tiempo y a la distancia.
En hora menguada vino
don Fernando a este lugar,
tu tierno pecho a enredar
en tan ciego desatino.

María No digas eso, que yo
bendigo el feliz momento
en que para alojamiento
mi casa y mi pecho halló.
En aquella temporada
que le tuve junto a mí
tan venturosa me vi,
y tan amante y amada,
que con su recuerdo solo
soy la más feliz mujer
que en el orbe puede haber
desde un polo al otro polo.
Y un porvenir tan risueño
de encanto y felicidad
se presentó a mi ansiedad,
que voy tras él con empeño.

Felisa ¡Ay, que los recuerdos son
dejos de un bien acabado,
y un porvenir no ha pasado
jamás de incierta ilusión!
No es, no, tan desatinada
la letra de ese cantar,
que solo te da pesar
porque estás alucinada.
Si tuvieras mi experiencia
(ya la tendrás algún día),
conocieras, hija mía,
de tu pasión la demencia.
No es decir que quepa engaño
en el pecho de tu amante;
será muy firme y constante,
pero ¡está sin verte un año!

María Cuando, ¡ay de mí!, se marchó
de esa Flandes a la guerra,
antes de un año a esta tierra
volver amante juró.