La piel de Gedeón

ISBN rústica: 9788498164312 SKU: 9788499532455 Categoría: Cultos modernos Etiquetas: España, Siglo XVII

Descripción

La piel de Gedeón es un auto sacramental de Calderón de la Barca.

 

Fragmento de la obra

Acto único

(Suenan en un carro cajas y trompetas y en otro instrumentos de música, y dicen a una parte Madián y a otra Amalec sus versos representados, a tiempo que la tropa responde con los suyos cantando.)

Madián: ¡Muera esta infame canalla
ingrata a su Dios, y injusta!

Música: ¡Misericordia, Señor!,
de ella con nosotros usa.

Amalec: ¡Mueran estos viles!

Todos: ¡Mueran! 5

Música: ¡Vivan las clemencias tuyas!

Todos: ¡Arma, arma!

Música: ¡Piedad, piedad!

Madián: Y sin valerles la fuga…

Música: Y sin faltarnos tu amor…

Todos: …¡mata, y hiere!

Música: …¡vive, y triunfa! 10

Todos: ¡Arma, arma!

Música: ¡Piedad, piedad!

Los dos: ¡Mata, y hiere!

Música: ¡Vive, y triunfa!

(A esta última repetición, sale un Ángel trayendo como arrastrando a la Idolatría, vestida de mujer, con alguna alusión de demonio en el manto o tocado, con banda, espada, bengala y plumas.)

Ángel: ¡Sal de este pueblo!

Idolatría: ¿Por qué
desalojarme procuras
de lo que es posesión mía? 15

Ángel: Porque no es posesión tuya
el pueblo de Dios.

Idolatría: Si sabes,
cuando cláusulas escuchas,
allí de marciales ecos,
aquí de voces confusas, 20
que es la causa por haber
idolatrado, su culpa,
pues hoy de los madianitas
sacrílegos ritos usa,
tanto que a Baal ofrece, 25
en esa aspereza inculta,
víctimas que el aire abrasan,
inciensos que el Sol ahúman,
por cuyo delito, Dios
los castiga, pues desnuda, 30
en Madián y Amalec
el estoque de su furia,
obligándolos a que
dejen el poblado y huyan
a aquestas montañas, donde, 35
temiendo las iras suyas,
fieras racionales viven
las entrañas de las grutas
¿cómo puede no ser mía
la posesión absoluta, 40
siendo yo (que no lo ignoras),
aquella deidad impura
de la Idolatría, que siendo
alma de Luzbel segunda,
inspira en el bronce estatuas, 45
que con mi aliento articulan
los oráculos, que dan
respuestas a sus preguntas?
Pues, si es castigo de Dios,
¿cómo tú, cómo repugnas 50
su ejecución? Deja, deja,
que el aire su voz confunda.