La próspera fortuna de don Álvaro de Luna

3.00

Número de serie: Teatro 203
ISBN ebook: 9788498975758
ISBN papel: 9788498160987
Número de páginas: 112
Edición a cargo de: Vern G. Williamson
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Descripción

En La próspera fortuna de don Álvaro de Luna, Antonio Mira de Amescua nos relata la historia de Álvaro, nacido en Cañete (Cuenca) a finales del siglo XIV. Hijo bastardo de Álvaro Martínez de Luna, copero mayor del rey Enrique III, y de María Fernández de Jarana; casada con el alcaide de la fortaleza de Cañete. A los catorce y entró en el servicio de su tío, Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, y más tarde papa, con el nombre de Benedicto XIII. Su padre estaba, además, emparentado con María de Luna, reina de Aragón.
A los dieciocho años entró en la corte de Juan II Trastámara en calidad de paje. En 1419, tras ser entronizado Juan II, los infantes de Aragón conspiraron contra éste para expandir sus posesiones en Castilla. Álvaro se casó en 1420 con doña Elvira de Portocarrero. Y Juan II decidió casar a su hermana la infanta Catalina con Enrique de Aragón para intentar convertirlo en su aliado. Mira de Amescua escribió obras de teatro inspiradas en la historia de España influido por Lope de Vega, acumulando numerosos personajes y acciones en una misma comedia. Sus argumentos son complicados y su estilo pretende la ornamentación del culteranismo.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Sale Ruy López, Juan García y Herrera, vistiéndole, y un Paje.)

Ruy: ¿Qué hora es?

García: Señor, las nueve.

Ruy: A la vejez cualquiera mal se atreve.
Tarde me he levantado.
Mis continuos achaques lo han causado.
Hijos, vestidme aprisa,
porque antes que a palacio, vaya a misa.
Herrera, Juan García,
mucho huelgo de veros, a fe mía.

García: Tu vida el cielo aumente.

(Gritan los pobres diciendo «limosna».)

Ruy: Amigos, ¿qué se debe a aquesa gente
que he sentido allá fuera?

Herrera: Nada, señor, son pobres.

Ruy: Pues, Herrera,
¿no es deuda y muy debida
la limosna que piden, por mi vida?
Que nunca el pobre aguarde;
la limosna deshace el darla tarde.
Dadme capa y espada;
que sale alegre el día, y si le agrada
salir al campo agora
al Rey, nuestro señor, pienso que es hora
de verle; que ha tres días
que no le vi por las dolencias mías.

Mena: Este papel te envía
el marqués de Villena.

Ruy: El que solía
tener tan gran estado,
y agora, con sus libros, retirado,
contempla las estrellas
adivinando lo futuro en ellas.
Sal y cierra esa puerta.
Aunque no nos predice cosa cierta
la docta astrología,
a Enrique consulté la dicha mía,
y en éste me responde
el fin que a mi vejez el cielo esconde,
de varios astros lleno.
«A don Ruy López de Ávalos el Bueno.»
Mejor es que lo fuera,
y que el mundo este nombre no me diera.

(Lee.) «Cuando lea vueseñoría este papel, estará
con dos criados suyos, los que más quiere (Es
verdad); el uno será espejo de la lealtad, y
el otro de la traición; el uno causará su
ruina y el otro será restaurador de su honra.
De ahí a pocos días, entrará en su casa quien
le ha de suceder en sus estados y vueseñoría
será feliz en sucesión, si desdichado en sus
últimos días. Don Enrique»

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