La prueba de las promesas

2.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 353
ISBN ebook:9788498979299
ISBN papel:9788498163032
Páginas:126
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Descripción

La prueba de las promesas es una adaptación del cuento De lo que contesçió a un deán de Santiago con don Illán, del Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio, del infante Juan Manuel. Los protagonistas de La prueba de las promesas​ —Don Mendo, Doña Ana, Beltrán y el Conde— aparecen en otras obras de Juan Ruiz de Alarcón como Las paredes oyenEl examen de maridosEl tejedor de SegoviaLos pechos privilegiadosGanar amigos y La verdad sospechosa. Ruiz de Alarcón los muestra a través de sus rasgos individuales derivados de su condición social. En esta comedia se hace un examen del comportamiento ético de las clases sociales, ricos y pobres. El personaje mejor delineado es Don Juan, arquetipo de la soberbia, la codicia y el egoísmo. En La prueba de las promesas Alarcón pone la magia al servicio del hombre, al que considera la más perfecta criatura.​

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen don Illán y Blanca.)

Illán: De las desventuras largas,
los bandos, muertes y daños
que han durado tantos años
entre Toledos y Vargas,
quiere el cielo soberano
que el alegre fin se vea,
querida Blanca, y que sea
el medio de paz tu mano.
Don Enrique, la cabeza
de los Vargas —¡qué ventura!—
vendernos la paz procura
aprecio de tu belleza.
Solo, hija, falta aquí,
para fin de tantos males,
que entre esos finos corales
se forme un dichoso sí.
¿Qué te suspendes? Comienza
a responderme. ¿Qué es esto?
Si es que de tu estado honesto
te enmudece la vergüenza,
con tu padre sola estás,
donde perdonarte puedes
lo que a tu costumbre excedes
por el gusto que me das.
Más virtud es, Blanca hermosa,
en este caso presente
responder por obediente
que callar por vergonzosa.

Blanca: La novedad de ese intento
imposible me parece;
y así, la lengua enmudece
lo que admira el pensamiento;
que esto en suceso tan vario,
padre y señor, es forzoso,
si en un punto miro esposo
al que agora vi contrario.
¿Cómo no estaré turbada,
suspensa y enmudecida,
si con la mano convida,
que aun no ha envainado la espada?

Illán: Eso no debe, admirarte;
que no es ésta, según creo,
la primer vez que himeneo
aplacó el furor de Marte.

Blanca: Ya que yo no he de admirarme,
tú al menos has de mirar
que de aborrecer a antar
no es tan fácil el mudarme.
Y así, si darme marido,
y no enemigo, deseas,
por quien sin vida me veas
término, señor, te pido
en que con el pensamiento
de que soy de él estimada,
de la enemistad pasada
pierda el aborrecimiento.