La república al revés

ISBN rústica: 9788498165173 SKU: 9788499532547 Categoría: Cultos modernos Etiquetas: España, Siglo XVII

Descripción

En La república al revés Tirso de Molina reflexiona sobre los ámbitos del poder y la moral social y política de la orden mercedaria.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen marchando soldados, y detrás de ellos Irene, armada con bastón y corona de emperatriz.)

Irene: Cesen, griegos, las trompetas;
cesen las cajas también;
haced los pífanos rajes
y los clarines romped;
abatid los estandartes
y no los enarboléis,
que el placer de mis victorias
ya es pesar y no placer.
¡Ay, Constantinopla ingrata,
patria a tus hijos cruel!
¿Éste es mi recibimiento?
¿Éste el triunfo imperial es?
¿Así mis hazañas pagas,
cuando entrar en ti pensé
sobre el victorioso carro
entre el bélico tropel?
¿Cuando entendí que el senado,
debajo el palio y dosel
me llevara a Santa Sofia
yo a caballo y él a pie,
y adornando tus paredes
de damasco y brocatel,
tus calles, de flores llenas,
fueran calles de un vergel?
¿Agora, cuando aguardaba
recibir el parabién
de tantos reinos ganados,
tantos cetros a mis pies;
ahora, senado ingrato;
ahora, griego sin ley,
el imperio me quitáis
porque mi hijo goce de él?
Yo le quiero coronar,
pues vosotros lo queréis,
descubra su excelso trono
el imperial sumiller,
y ruego al cielo que os rija,
vasallos griegos, tan bien,
que defienda vuestro imperio
sin que me hayáis menester.

(Tocan música; descubren una cortina detrás de la cual estará, debajo de un dosel, Constantino, y a sus lados, y en pie, Leoncio, Andronio, Macrino, y otros. A un lado, en una mesilla, estará sobre una fuente de plata la corona, el estoque, y el mundo.)

Constantino: Injustas quejas has dado,
madre, en aquesta ocasión
al griego imperio y senado
que muestran el ambición
con que el mundo has gobernado.
¿Qué mayores quejas dieras
si, cuando a Grecia vinieras
triunfando con regocijo,
en vez de imperar tu hijo
un extraño imperar vieras?
¿Tan mal, madre, galardona
el imperio tu persona,
si el día que entras triunfando
a tu hijo le está dando
del imperio la corona?
Basta, que tu desatino
—que este nombre ha de tener—
a vituperarme vino;
Semíramis querrás ser
y hacerme a mí infame Nino.
Porque mientras que atropellas
bárbaros, y cuerpos huellas
con guerra que el mundo abrasa
me quede encerrado en casa
hilando con tus doncellas.
Hijo tienes que ya alcanza
en la milicia alabanza;
holandas, madre, dibuja;
que a la mujer el aguja
le está bien, mas no la lanza.