La vida y la muerte de la monja de Portugal

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 207
ISBN ebook:9788498975796
ISBN papel:9788498161021
Páginas:116
Editor:Vern G. Williamson
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Descripción

Esta pieza teatral de Antonio Mira de Amescua cuenta La vida y la muerte de la monja de Portugal. También citada por Menéndez y Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles: «Por los años de 1586 gozaba fama grande de santidad en Lisboa sor María de la Visitación, priora del convento de la Anunziada. Tenía largos éxtasis, decía haber recibido especiales favores de la divinidad y mostraba, en pies, manos y costado, siete llagas o marcas rojas, que todos los viernes se abrían y manaban sangre; las cuales llagas le había impreso con rayos de fuego Cristo crucificado. Todos los jueves, al Ave María, sentía en su cabeza los dolores de la corona de espinas. Veíanse en torno de la dicha monja extraños resplandores y claridades. A veces, como arrebatada por sobrenatural poder, se levantaba del suelo durante la oración y quedaba suspensa en el aire. Y otras cien maravillas a este tenor. No era alumbrada, sino embustera; las llagas eran simuladas, y la santidad fingida; pero casi todos le dieron crédito».

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

[Salen don Juan, don Diego, don Luis y don Pedro, con espadas desnudas.]

Diego: La suerte fue bien juzgada.

Juan: Miente quien lo dice.

Diego: ¡Muera!
¡Apartaos! ¡Dejadme!

Juan: ¡Fuera!
Y si punta de mi espada
no quieren que pase el pecho
al primero que llegare,
téngase afuera, y repare
en mi razón.

(Salen acuchillándose.)

Luis: Fue mal hecho,
y bastaba estar aquí
dos caballeros diciendo
la verdad.

Pedro: Y yo me ofendo
de que se pierdan así
el respeto; que en mi casa
ha sido poca prudencia
por el juego esta pendencia,
y ya los límites pasa
de desvergüenza, ¡por Dios!

Luis: Ha sido muy mal mirado.

Pedro: Vuelvo a decir que han andado
muy descorteses los dos.

Luis: Señor don Pedro, ya he visto
que se pudiera excusar
daros aqueste pesar.

[Salen don Diego y don Juan.]

Diego: ¡Mal el enojo resisto!
¡Vive Dios, que de afrentado
apenas a hablar acierto!

Juan: Áspid no verá encubierto
entre la hierba pisado
el cazador más furioso
que yo para la venganza.

Diego: Lograr pienso mi esperanza
aunque aquí será forzoso
disimular.

Luis: Las espadas,
caballeros, no están bien
desnudas.

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