Las dos doncellas

Ficha bibliográfica

Serie: Narrativa 84
ISBN ebook: 9788499532806
ISBN papel: 9788498163797
Páginas: 46
Portada: Koloman Moser: Alegoría del verano
Category:Narrativa
Author:Miguel de Cervantes
Categoría: Cultos modernos Etiquetas: España, Siglo XVI

Descripción

En Las dos doncellas Miguel de Cervantes narra una serie de amores y aventuras, disfraces y casualidades, engaños y reparaciones entre gentes de la nobleza. Los engaños de las doncellas Teodosia y Leocadia componen una intriga con temas pastoriles y técnicas de la novela bizantina. Ellas, disfrazadas de hombres (recurso muy utilizado en las novelas y el teatro de la época), van tras sus amores hasta que consiguen contraer matrimonio con ellos.

 

Fragmento de la obra

Cinco leguas de la ciudad de Sevilla está un lugar que se llama Castilblanco, y en uno de muchos mesones que tiene, a la hora que anochecía, entró un caminante sobre un hermoso cuartago extranjero. No traía criado alguno, y sin esperar que le tuviesen el estribo, se arrojó de la silla con gran ligereza. Acudió luego el huésped (que era hombre diligente, y de recado) mas no fue tan presto que no estuviese ya el caminante sentado en un poyo que en el portal había, desabrochándose muy aprisa los botones del pecho, y luego dejó caer los brazos a una y a otra parte dando manifiesto indicio de desmayarse. La huéspeda, que era caritativa, se llegó a él y rociándole con agua el rostro le hizo volver en su acuerdo; y él, dando muestras que le había pesado de que as í le hubiesen visto, se volvió a abrochar, pidiendo que le diesen luego un aposento donde se recogiese; y que si fuese posible, fuese solo. Díjole la huéspeda que no había más de uno en toda la casa y que tenía dos camas, y que era forzoso, si algún huésped acudiese, acomodarle en la una. A lo cual respondió el caminante que él pagaría los dos lechos, viniese o no huésped alguno. Y sacando un escudo de oro se le dio a la huéspeda, con condición que a nadie diese el lecho vacío. No se descontentó la huéspeda de la paga, antes se ofreció de hacer lo que le pedía aunque el mismo Deán de Sevilla llegase aquella noche a su casa. Preguntóle si quería cenar y respondió que no, mas que solo quería que se tuviese gran cuidado con su cuartago. Pidió la llave del aposento, y llevando consigo unas bolsas grandes de cuero se entró en él y cerró tras sí la puerta con llave, y aun (a lo que después pareció) arrimó a ella dos sillas.