Los baños de Argel

3.00

Número de serie: Teatro 122
ISBN ebook: 9788499537160
ISBN papel: 9788496428935
Número de páginas: 154
Imagen de portada: Puerto de Argel
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Descripción

Tres comedias de Miguel de Cervantes muestran su imagen del mundo islámico y su vida en Argelia: La gran sultana doña Catalina de Oviedo, El gallardo español, y Los baños de Argel, también trata este tema El amante liberal, que narra una historia sentimental entre cristianos cautivos en Nicosia. Cervantes participó en varias expediciones militares, de regreso a España fue apresado por piratas berberiscos y durante cinco años sufrió un duro cautiverio en Argel. Arriesgando su vida en varios intentos de evasión hasta que fue rescatado por unos frailes trinitarios cuando era conducido a Constantinopla a los treinta y tres años.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Cauralí, capitán de Argel; Yzuf, renegado; otros cuatro Moros, que se señalan así: 1, 2, 3, 4.)

Yzuf: De en uno en uno y con silencio vengan,
que ésta es la trocha y el lugar es éste,
y a la parte del monte más se atengan.

Cauralí: Mira, Yzuf, que no yerres, y te cueste
la vida el no acertar.

Yzuf: Pierde cuidado; 5
haz que la gente el hierro y fuego apreste.

Cauralí: ¿Por dó tienes, Yzuf, determinado
que demos el asalto?

Yzuf: Por la sierra,
lugar que, por ser fuerte, no es guardado.
Nací y crecí, cual dije, en esta tierra, 10
y sé bien sus entradas y salidas
y la parte mejor de hacerle guerra.

Cauralí: Ya vienen las escalas prevenidas,
y están las atalayas hasta agora
con borrachera y sueño entretenidas. 15

Yzuf: Conviene que los ojos de la aurora
no nos hallen aquí.

Cauralí: Tú eres el todo:
guía, y embiste, y vence.

Yzuf: Sea en buen hora,
y no se rompa en cosa alguna el modo
que tengo dado; que con él, sin duda, 20
a daros la victoria me acomodo,
primero que socorro alguno acuda.

(Éntranse.)

(Suena dentro vocería de moros; enciéndese hachos, pónese fuego al lugar, sale un Viejo a la muralla medio desnudo y dice:)

Viejo: ¡Válame Dios! ¿Qué es esto?
¿Moros hay en la tierra?
¡Perdidos somos, triste! 25
¡Vecinos, que os perdéis; al arma, al arma!
De los atajadores
la diligencia ha sido
aquesta vez burlada;
las atalayas duermen, todo es sueño. 30
¡Oh si mis prendas caras,
cual un cristiano Eneas,
sobre mis flacos hombros
sacase deste incendio a luz segura!
¿Que no hay quien grite al arma? 35
¿No hay quien haga pedazos
esas campanas mudas?
¡A socorreros voy, amados hijos!

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