Los lanzallamas

3.00

Agotado

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 311
Portada:Hieronymus Boschs: La nave de los locos
Prólogo de:Mirta Artl
Notas de:Autores varios
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Descripción

Los lanzallamas, gran fresco expresionista, que produce en lo literario la ruptura de volúmenes exteriores y visuales de las cosas, injerta en 1931 aquel grito de Büchner: «Seamos esenciales». Pero fuera de las coordenadas tempoespaciales de esa primera mitad del siglo XX —que marcha hacia la segunda Guerra mientras se gesta el existencialismo sartreano.
Roberto Arlt carece de sentido.
En cambio, si conseguimos figurar la coherencia del marco histórico, los fantasmagóricos habitantes de esta porteña Corte de los Milagros, que aparecieron ya en Los siete locos y aquí viven los episodios finales de sus vidas, pueden llegar a entusiasmarnos: nos enfrentan con un precursor tan caótico como único.
En su quinta de Temperley, el Astrólogo monologa con Hipólita; «con», pues si bien monologa, la motivadora, Hipólita, no puede faltar. El replanteo esencial fluye: el sentido de la vida, nuestra civilización, la felicidad del hombre, el hombre frente a la verdad, el sentido del conocimiento, Dios, la mujer.
Y ese planteo esencial está continuado en esta serie de «conversaciones» por Erdosain, cuya expresión clave podría ser: «Estoy monstruosamente solo […] No me importa nada. Dios se aburre igual que el Diablo». Es un Erdosain que nos remite al existencial personaje de Yank en El mono velludo de O’Neill; como él, se siente desprotegido por el autor de sus días, arrojado a la existencia. Como él, la incapacidad de escindir el volumen geométrico de los seres, de las cosas, del hombre y del mundo, impidiéndole llegar a la realidad última y verdadera, lo devuelven a sus orígenes, y «como las grandes fieras carniceras da un gran salto en el vacío, cae sobre la alfombra y despierta en cuclillas sorprendido».

Mirta Arlt