Manifiesto de poesía de Palo de Brasil

Ficha bibliográfica

Serie:Pensamiento 114
Portada:Revista de antropofagia
Traductor:Héctor Olea
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Descripción

Oswald de Andrade publicó el Manifiesto de poesía de Palo de Brasil en 1924. Este texto es una proclamación de las estéticas de vanguardia. Andrade contribuyó al rescate del portugués vernáculo de Brasil hasta entonces atrapado en las convenciones de la lengua escrita, tutelada por gramáticos que deseaban imponer a los escritores brasileños las formas lusitanas del lenguaje.

 

Manifiesto de poesía “Palo-del-Brasil” (1924)

La poesía existe en los hechos. Los tugurios de azafrán y de ocre en los verdes de la Favela, bajo el azul cabralino, son hechos estéticos.
El Carnaval de Río es el acontecimiento religioso de la raza. Palo-del-Brasil. Wagner sucumbe ante las Escuelas de Samba de Botafogo. Bárbaro y nuestro. La formación étnica rica. Riqueza vegetal. El mineral. La cocinada del vatapá. El oro y la danza

Toda la historia Tordesillas y la historia comercial del Brasil. El lado docto, el lado citas, el lado autores conocidos. Conmovedor. Rui Barbosa: un sombrero de copa en Senegambia. Todo revierte en riqueza. La riqueza de los bailes y de las frases hechas. Negras de Jockey. Odaliscas en Catumbí. Hablar difícil.

El lado docto. Fatalidad del primer blanco aportado y dominador político de selvas salvajes. El bachiller. No podemos dejar de ser doctos. Doctores. País de dolores anónimos, de doctores anónimos. El Imperio fue así. Eruditamos todo. Olvidamos el gavilán de penacho.
La nunca exportación de poesía. La poesía anda oculta en los bejucos maliciosos de la sabiduría. En las lianas de la morriña universitaria.

Pero hubo un estallido en las enseñanzas. Los hombres que sabían todo se deformaron como globos inflados. Reventaron.
La vuelta a la especialización. Filósofos haciendo filosofía, críticos crítica, amas de casa tratando de cocina.
La poesía para los poetas. Alegría de los que no saben y descubren.

Había habido la inversión de todo, la invasión de todo: el teatro de tesis y la lucha en el palco entre morales e inmorales. La tesis debe ser decidida en guerra de sociólogos, de hombres de ley, gordos y dorados como Corpus Juris.
Ágil el teatro, hijo de saltimbanquis. Ágil e ilógico. Ágil la novela, nacida de la invención. Ágil la poesía.
La Poesía Palo-del-Brasil. Ágil y cándida. Como una criatura.

Una sugerencia de Blaise Cendrars: –Tenéis las locomotoras llenas, vais a partir. Un negro gira el manubrio del desvío rotativo en que estáis. El menor descuido os hará partir en dirección opuesta a vuestro destino.

Contra el gabinetismo, la práctica culta de la vida. Ingenieros en vez de jurisconsultos, perdidos como chinos en la genealogía de las ideas.
La lengua sin arcaísmos, sin erudición. Natural y neológica. La contribución millonaria de todos los errores. Como hablamos. Como somos.

No hay lucha en tierra de vocaciones académicas. Hay solo uniformes. Los futuristas y los demás.
Una única lucha –la lucha por el camino. Separemos: Poesía de importación. Y la poesía Palo-del-Brasil, de exportación.

Hubo un fenómeno de democratización estética en las cinco partes sabias del mundo. Instituyérase el naturalismo. Copiar. Cuadro de ovejas que no fuera de pura lana, no servía. La interpretación en el diccionario de las Escuelas de Bellas Artes quería decir reproducir tal cual… Vino el pirograbado. Las chicas de todos los hogares se volvieron artistas. Apareció la cámara fotográfica. Y con ella todas las prerrogativas del pelo largo, de la caspa y de la misteriosa genialidad del ojo virolo –el artista fotógrafo.
En la música, el piano invadió las salitas desnudas, con almanaques en la pared. Todas las chicas se volvieron pianistas. Surgió la pianola y el piano de cola. La pianola. Y la ironía eslava compuso para la pianola. Stravinsky.
La estuaria se quedó atrás. Las procesiones salieron nuevecitas de las fábricas.
Solo no se inventó una máquina de hacer versos –ya había el poeta parnasiano.

Entonces la revolución indicó apenas que el arte se volvía hacia las élites. Y las élites comenzaron deshaciendo. Dos fases: 1ª, la deformación a través del impresionismo, la fragmentación, el caos voluntario. De Cézanne y Mallarmé, Rodin y Debussy hasta ahora. 2ª, el lirismo, la presentación en el templo, los materiales, la inocencia constructiva.
El Brasil oportunista. El Brasil docto. Y la coincidencia de la primera construcción brasileña en el movimiento de reconstrucción general. Poesía Palo-del-Brasil.

Como la época es milagrosa, las leyes nacieron de la propia rotación dinámica de los factores destructivos.
La síntesis
El equilibrio
El acabado de carrocería
La invención
La sorpresa
Una nueva perspectiva
Una nueva escala.

Cualquier esfuerzo natural en ese sentido será bueno. Poesía Palo-del-Brasil.

El trabajo contra el detalle naturalista –por síntesis, contra la morbidez romántica– por el equilibrio geómetra y por el acabado técnico; contra la copia, por la invención y por la sorpresa.

Una nueva perspectiva.
La otra, la de Paolo Ucello creó el naturalismo de apogeo. Era una ilusión óptica. Los objetos distantes no disminuían. Era una ley de apariencia. Entonces, el momento fue de reacción a la apariencia. Reacción a la copia. Sustituir la perspectiva visual y naturalista por una perspectiva de otro orden: sentimental, intelectual, irónica, ingenua.

Una nueva escala:
La otra, la del mundo proporcionado con letras en los libros y niños en los brazos. El anuncio produciendo letras mayores que torreones. Y las nuevas formas de la industria, del transporte, de la aviación. Postes. Gasolinerías. Rieles. Laboratorios y talleres técnicos. Voces y tics de alambres y ondas y fulguraciones. Estrellas familiarizadas con negativos fotográficos. El correspondiente de la sorpresa física en el arte.
La reacción contra el asunto invasor, ajeno a la finalidad. La obra teatral de tesis era un arreglo monstruoso. La novela de ideas, una mezcolanza. El cuadro histórico, una aberración. La escultura elocuente, un pavor sin sentido.
Nuestra época anuncia la vuelta al sentido puro.
Un cuadro son líneas y colores. La estatuaria son volúmenes bajo la luz.
La Poesía Palo-del-Brasil es un comedor dominguero, con pajaritos cantando en la selva reducida de las jaulas, un sujeto flaco componiendo un vals para flauta y la Mariquita leyendo el diario. En los diarios anda todo el presente.

Ninguna fórmula para la contemporánea expresión del mundo. Ver con ojos libres.

Tenemos la base doble y presente –la selva y la escuela. La raza crédula y dualista y la geometría, el álgebra y la química luego después de la mamadera y del té de yerbabuena. Una mezcla de “duérmete mi niño, duérmete ya-ya, si no viene el cuco que te comerá” y de ecuaciones.
Una visión que embone en los émbolos de los molinos, en las turbinas eléctricas, en las fábricas productoras, en las cuestiones bursátiles, sin perder de vista el Museo Nacional. Palo-del-Brasil.

Obuses de levadores, cubos de rascacielos y la resarcida pereza solar. La rezada. El Carnaval. La energía íntima. El zorzal. La hospitalidad un poco sensual, amorosa. La nostalgia de los hierve-hierbas y los campos de aviación militar. Palo-del-Brasil.

El trabajo de la generación futurista fue ciclópeo. Ajustar el reloj imperio de la literatura nacional.

Realizada esa etapa el problema es otro. Ser regional y puro en su época.

El estado de inocencia sustituyendo al estado de gracia que puede ser una actitud del espíritu.

El contrapeso de la originalidad nativa para inutilizar la adhesión académica.

La reacción contra todas las indigestiones de sabiduría. Lo mejor de nuestra tradición lírica. Lo mejor de nuestra demostración moderna.

No más brasileños de nuestra época. Lo necesario de química, de mecánica, de economía, de balística. Todo digerido. Sin mitin cultural. Prácticos. Experimentales. Poetas. Sin reminiscencias librescas. Sin comparaciones de apoyo. Sin investigación etimológica. Sin ontología.

Bárbaros, crédulos, pintorescos y tiernos. Lectores de diarios. Palo-del-Brasil. La selva y la escuela. El Museo Nacional. La cocina, el mineral y la danza. La vegetación. Palo-del-Brasil.

Correio da Manhâ, Río de Janeiro, 18 de marzo de 1924

 

Traducción: Héctor Olea, revisada por Haroldo de Campos.