Mare Nostrum

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 45
ISBN ebook:9788499533292
ISBN papel:9788499533308
Páginas:396
Portada:Joaquín Sorolla: Chicos en la playa
Notas de:Vicente Blasco Ibáñez
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Descripción

Mare Nostrum (1918) es una de las novelas más conocidas de Vicente Blasco Ibáñez. Transcurre sobre todo en el Mediterráneo durante la Primera guerra mundial. El capitán Ulises Ferragut, nacido en Valencia, es hijo de un notario. Su padre quiere que sea abogado, pero su padrino le enseña el gusto por el arte. Ulises es un niño soñador, enamorado de la emperatriz griega doña Constanza, hija de Federico II de Suabia y visita su tumba en la Iglesia del Hospital de Valencia durante misa.
Más tarde Ulises, estudia Derecho por imposición de su padre, pero tras la muerte de este obtiene el título de Piloto naval. Navega por el mundo como piloto, y después como capitán. Naufraga y descansa en Barcelona, con su madre y una sobrina de esta con la que se casa. Tras la boda Ulises se compra un barco mercante al que nombra: Mare Nostrum.
Al principio le cuesta encontrar carga. Cuando estalla la Primera guerra mundial, todo cambia, la guerra exige abastecimiento de mercancías y el Mare Nostrum navega siempre cargado.
La trama continúa con numerosas peripecias: Ulises se enamora de una mujer misteriosa en Nápoles, recorre el Mediterráneo en plena guerra y se encuentra con veteranos de la batalla de Salónica. Marsella, Barcelona son también el telón de fondo de sus aventuras.

Edición de referencia: Valencia, Editorial Prometeo, 1919.

 

Fragmento de la obra

Sus primeros amores fueron con una emperatriz.
Él tenía diez años y la emperatriz seiscientos. Su padre, don Esteban Ferragut —tercera cuota del Colegio de Notarios de Valencia—, admiraba las cosas del pasado.
Vivía cerca de la catedral, y los domingos y fiestas de guardar, en vez de seguir a los fieles que acudían a los aparatosos oficios presididos por el cardenal-arzobispo, se encaminaba con su mujer y su hijo a oír misa en San Juan del Hospital, iglesia pequeña, rara vez concurrida en el resto de la semana.
El notario, que en su juventud había leído a Walter Scott, experimentaba la dulce impresión del que vuelve a su país de origen al ver las paredes que rodean el templo, viejas y con almenas. La Edad Media era el período en que habría querido vivir. Y el buen don Esteban, pequeño, rechoncho y miope, sentía en su interior un alma de héroe nacido demasiado tarde al pisar las seculares losas del templo de los Hospitalarios. Las otras iglesias enormes y ricas le parecían monumentos de insípida vulgaridad, con sus fulguraciones de oro, sus escarolados de alabastro y sus columnas de jaspe. Esta la habían levantado los caballeros de San Juan, que, unidos a los del Temple, ayudaron al rey don Jaime en la conquista de Valencia.