Matanzas y Yumurí

1.00

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 159
ISBN ebook:9788499533339
ISBN papel:9788499533346
Páginas:26
Portada:Thomas Jefferys: Bahía de Matanzas
Notas de:Ramón de Palma y Romay
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Descripción

Matanzas y Yumurí relata las costumbres y las supersticiones de los indios en torno a Ornofay, el héroe indígena, y a su amada Guarina.
En esta obra, Ramón de Palma, inicia el siboneísmo en la narrativa cubana.

 

Fragmento de la obra

Ahora más de trescientos años, ¡qué maravilloso aspecto no presentaba nuestra Antilla a los ojos del navegante aventurero que iba costeando sus riberas! Hijo de un mundo antiguo, trabajado por la industria y las rivalidades de los hombres, veía alzarse en todo su vigor aquella primitiva y espléndida naturaleza, conocida de él hasta entonces solo por poéticas descripciones.
Inmensos bosques y colinas, vestidos de frondosidad y verdura inmarchitables; llanuras solitarias, cubiertas de lindas flores y abundosos pastos; costas interminables, tajadas de muchos y espaciosos puertos, y abiertas en mil partes por dulces, claros y fecundos ríos; nubes de extrañas y preciosas aves, perdidas en el fondo de una atmósfera que los rayos del Sol poniente de infinitos colores matizaban; y en medio de esta peregrina y sorprendente escena, algún rústico caserío, o una errante canoa, donde se presentaba el hombre, un hombre de otra especie, a completar el nuevo cuadro de la naturaleza.
Cuando el arrojado viajero pisaba esta tierra aún no explorada, no veía en torno suyo aquellos objetos tan familiares en su viejo mundo. El hombre aquí, ignorante de toda policía y estudio, ni comprendía la fuerza de las leyes, ni entendía los manejos de la política, ni conocía la necesidad de las ciencias y la industria. Rudo, sencillo y supersticioso, todo aquello que no había visto, o no se le asemejaba, lo calificaba de cosa sobrenatural y divina: así era que besaba humildemente los vestidos del miserable pechero, que había sufrido los desprecios de los altos señores de su tierra, y que había sentido crujir sus carnes bajo el duro látigo de su mayor o del verdugo. Empero, aunque las pasiones civiles no agitaban el ánimo inocente de estos habitantes, ¿sus corazones vivían sin movimiento? Hay dos cuerdas en el corazón del hombre que, tocadas, corresponden con tanta fuerza e igualdad a ellas, así el hijo de la filantrópica e ilustrada Londres, como el indio más salvaje e inhumano: el amor y el odio.