Memoria sobre la vagancia en Cuba

1.00

Número de serie: Pensamiento 87
ISBN ebook: 9788498978476
ISBN papel: 9788498166798
Páginas: 36
Portada: Anuncio de viajes a Cuba de Pan American
Edición anotada: José Antonio Saco
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Descripción

La Memoria sobre la vagancia en Cuba, es ejemplo de una línea del pensamiento insular que reflexionó sobre los rasgos psicosociales del cubano. Tal idea interés fue una constante en las obras de los ideólogos criollos del siglo XIX marcadas por la pretensión de alcanzar un mejoramiento social. En la primera mitad de dicho siglo Félix Varela, José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte tuvieron un significativo interés por esta cuestión.

 

Fragmento de la obra

No hay ciudad, pueblo, ni rincón de la Isla de Cuba, hasta donde no se haya difundido este cáncer devorador. La vagancia es quizás el menor de los males que produce, pues hay otros de naturaleza tan grave, que solo podrán mirarse con indiferencia, cuando ya se hayan apagado en el corazón los sentimientos de justicia y de moralidad. Las casas de juego son la guarida de nuestros hombres ociosos, la escuela de corrupción para la juventud, el sepulcro de la fortuna de las familias, y el origen funesto do la mayor parte de los delitos que infectan la sociedad en que vivimos. Si pudiéramos empadronar las personas entregadas a este vicio infame, y computar el valor de lo que ganarían trabajando, durante el tiempo que emplean en el juego: si pudiéramos saber, aunque fuese aproximadamente, a cuánto ascienden las cantidades perdidas, y seguir la larga cadena de desastre que necesariamente acarrea, entonces conoceríamos nuestra deplorable situación, y cesaríamos de llamarnos opulentos y felices. ¿Puede ser opulento ni feliz un pueblo donde muchos de sus habitantes son víctimas de las enfermedades morales? No hay felicidad sin la paz y el contento del alma, no hay paz ni contento sin virtudes, sin virtudes no hay amor ni constancia en el trabajo, y sin trabajo no hay riquezas verdaderas. Llámenos en buena hora opulentos y felices, aquellos que trastornando el nombre de las cosas, pretenden arrullarnos con el acento de esas palabras encantadoras; pero el hombre reflexivo que sabe distinguir las operaciones de la naturaleza, de los esfuerzos de la industria; y que no confunden las combinaciones de la prudencia con los resultados de la casualidad, jamás dirá, que es feliz un pueblo donde hay dolencias morales tan difíciles de curar, como de grave trascendencia. La que ahora lamento, es de las más funestas, porque sus consecuencias son terribles: La más general de todas, porque se juega desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio; y quizá también la de más difícil curación, porque aunque este vicio no es de aquellos que tienen su fundamento en la naturaleza, está sin embargo muy arraigado entre nosotros, y no es probable que en todas partes se persiga con igual tesón; y aun cuando así sea, puede practicarse ocultamente, burlando algunas voces la vigilancia de la autoridad.

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