Mi tío el empleado

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 146
ISBN ebook:9788499533421
ISBN papel:9788498166583
Páginas:280
Portada:Pierre Toussaint Frédéric Mialhe: La Aduana de la Habana
Category:
Author:

Categorías: , Etiquetas: , ,

Descripción

Mi tío el empleado relata la historia de don Vicente Cuevas, que llega a Cuba de España a bordo de un bergantín, sin más carta de presentación que una recomendación del señor marqués de Casa Vetusta. La novela es narrada por el sobrino de Vicente; y denuncia cómo los funcionarios de la colonia se corrompen y enriquecen. Este relato de Ramón Meza transcurre entre sórdidas oficinas, en el lujo grotesco de los advenedizos y oportunistas. José Martí dijo que su estilo es tan preciso que parece una hoja de espada a la vaina.

Edición de referencia: Barcelona, Imprenta de Luis Tasso, 1887.

 

Fragmento de la obra

En los primeros días del mes de enero, uno de esos días hermosos, espléndidos, después de largo tiempo de lenta navegación llegó a vista del puerto de La Habana el bergantín Tolosa. Henchidas sus blancas lonas e impelido por fresco viento del nordeste, parecía que iba a estrellarse el buque contra los negros riscos de la costa; mas cambiando bruscamente de rumbo, dirigió la proa hacia el punto medio de la estrecha boca del puerto. El cielo azul sin que manchase su pura transparencia la más tenue nubecilla; el mar azul también y con sus aguas tan diáfanas que a trechos permitían ver la manchas oscuras de los escollos; el Sol, en medio del cielo derramando raudales de luz por todas partes; la ciudad de La Habana, con sus casas de variados colores, con sus vidriadas almenas, con las torres de sus iglesias, con su costa erizada de verdinegros arrecifes ceñida por blanca línea de espuma, con sus cristales que heridos por el Sol lanzaban destellos cual si fueran pequeños soles con sus vetustos tejados y empinadas azoteas, con los grandes murallones de piedragris de sus fuertes asentados sobre dura roca cubierta de verdor: ¡ah! todo esto se presentaba a la contemplación de dos viajeros, que venían a bordo del bergantín, con cierto maravilloso atractivo de que no les era posible sustraerse. Y no se debe de extrañar que tan honda impresión les causara: no habían visto sino vetustas casas de muy pobre arquitectura, y nunca, más allá de las diez o doce reunidas que constituían el villorrio.