Morsamor

Ficha bibliográfica

Serie: Narrativa 279
ISBN ebook: 9788498979572
ISBN papel: 9788498163308
Páginas: 226
Portada: David Roberts: La Giralda de Sevilla
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Descripción

En Morsamor Juan Valera parodia el relato del dean de Santiago. Hacia 1520 fray Miguel de Zuheros vive en un convento sevillano y lamenta su vida sin riesgos. El padre fray Ambrosio de Utrera, teósofo, le propone reiniciar su vida con fray Tiburcio, bajo su antiguo nombre de Morsamor. Ambos conquistan en Lisboa a Donna Olimpia y Teletusa, con quienes embarcan a la India y allí defienden a los portugueses y a los brahmanes de los musulmanes. Morsamor se casa con la bella Urbasi y tras perderla marcha al país mogol, donde conoce al sabio Sankacharia, amigo de fray Ambrosio. Decide entonces regresar a España, y en el viaje de vuelta naufraga… Despierta en su convento, junto a fray Ambrosio: ha entendido el lenguaje de los sueños y muere en paz entre sus amigos.

 

Fragmento de la obra

En el primer tercio del siglo XVI, y en un convento de frailes franciscanos, situado no lejos de la ciudad de Sevilla, casi en la margen del Guadalquivir y en soledad amena, vivía un buen religioso profeso, llamado fray Miguel de Zuheros, probablemente porque era natural de la enriscada y pequeña villa de dicho nombre.
No era el padre alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Y como no se distinguía tampoco por extremado ascetismo, ni por elocuencia en el púlpito, ni por saber mucho de teología y de cánones, ni por ninguna otra cosa, pasaba sin ser notado entre los treinta y cinco o treinta y seis frailes que había en el convento.
Hacía más de cuarenta años que había profesado. Y su vida iba deslizándose allí tranquila y silenciosa, sin la menor señal ni indicio de que pudiese dejar rastro de sí en el trillado camino que la llevaba a su término: a una muerte oscura y no llorada ni lamentada de nadie, porque fray Miguel, aunque no era antipático, no era simpático tampoco, se daba poquísima maña para ganar voluntades y amigos, y, al parecer, ni en el convento ni fuera del convento los tenía.
En vista de lo expuesto, nadie puede extrañar que hayan caído en el olvido más profundo el nombre y la vida de fray Miguel.