Nuevas cartas americanas

3.00

Book Information

Serie:Historia 405
ISBN ebook:9788498979589
ISBN papel:9788496290341
Páginas:192
Portada:José del Pozo: Dibujo de un ave en Montevideo
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Descripción

En Nuevas cartas americanas, con un título alusivo a las Cartas americanas de Alejandro de Humboldt, Juan Valera, defiende el punto de vista de España ante los movimientos de Independencia de Latinoamérica y las reivindicaciones históricas del Nuevo Mundo, en específico de Cuba. Se trata de una percepción muy distinta a la que muestra la historia oficial de América, con una visión descarnada de los orígenes étnicos de Latinoamérica, aunque esgrime argumentos económicos y políticos que merecen atención. Juan Valera es un personaje atrapado entre su experiencia como viajero, su fascinación por las culturas ajenas y su convicción de que Europa y, en consecuencia España, habían construido los cimientos del mundo. La independencia política de las últimas colonias españolas, la influencia del pensamiento positivista en la actividad intelectual de Latinoamérica, el pragmatismo de los Estados Unidos o una diplomacia internacional que empezaba a tener que dialogar con fuerzas plurales, no supeditadas a la hasta entonces idea unitaria de un Occidente cristiano, exigen a Valera escribir con una sinceridad digna de reflexión:

“Todavía comprendo yo, aunque no aplauda, que me niegue usted al real Ente Supremo y a la Virgen Madre, real y efectiva, a quien llaman los católicos María Santísima; pero lo que ya no se puede aguantar es que a la gran multitud de negros, chinos, europeos, hotentotes, cafres, indios, etc., me los sume usted bajo el denominador común de hombres y luego me convierta en Dios y en Virgen Madre esta suma.”

Valera piensa con las herramientas y las convicciones de un occidental sin tapujos, que en ocasiones puede resultar conservador pero que está marcado por sus viajes y una mezcla de experiencia cultural y empirismo primario:

“Que hay un orden y un plan en la historia cuya ley es el progreso; que Europa está predestinada y cumple esta ley desde hace cerca de tres mil años; que las naciones que en la antigüedad hicieron más por este progreso fueron Grecia y Roma; que en los tiempos modernos ni los adelantos en las ciencias, ni la perfección de las bellas artes, ni el brillo de la literatura, ni el desarrollo de la industria se explicarían, como dice Littré, si se suprimiese uno solo de los grandes órganos del espíritu de la humanidad: Italia, España, Francia, Inglaterra y Alemania. Todo esto me parece muy atinado. Yo voy casi hasta a dar la razón a Littré cuando afirma que los tres tiranos más retrógrados, los que más se han opuesto a la ley del progreso, han sido Juliano el Apóstata, Felipe II y Napoleón I.”

Todo esto le permite hablar con la pasión del historiador y las referencias del diplomático:

“Según los datos que me da Ernesto Van Bruyssel (La Republique Argentine), en 1880 solo a Buenos Aires llegaron cerca de 70.000 inmigrantes, y en 1887 más de 120.000. Si así continúa creciendo la inmigración, donde predomina el elemento italiano, tal vez dentro de diez o doce años haya más gentes venidas de Italia que de origen español, desde las fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la Patagonia, y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Mendoza.
En los quince años que van desde 1855 a 1870 ha entrado en la República Argentina un millón de emigrados. Bien podemos, pues, calcular, no haciendo sino duplicar el número en los años que quedan de siglo, que al empezar el siglo XX habrá en la República Argentina cinco millones más de población no criolla, o venida de fuera, y principalmente de Italia. Yo entiendo, con todo, que en el pueblo argentino hay fuerza informante para poner el sello de su propia nacionalidad a esta invasión pacífica y provechosa, y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá allí una nación de carácter español y de lengua castellana, solo que ahora consta esta nación de cuatro o cinco millones de individuos y en 1900 acaso conste de 18 o de 20 millones.”

En medio de comparaciones antropológicas y de conjeturas acerca de cómo hubiera sido la historia de América sin la presencia de España, destaca la paradoja que encarna la figura de Valera. Estamos ante alguien que muestra con extraña elocuencia las posibilidades del proyecto moderno de la España del siglo XIX.

“Un ilustre cubano, don Rafael Merchán, que vive en Bogotá ahora, se extrema más que usted en esta acusación. Todo iba por ahí divinamente. Acaso habían sido Manco-Capac y Bochica más sabios que Sócrates y que Aristóteles. Acaso, si no llegamos ahí los españoles, los indios se perfeccionan, nos cogen la delantera, y son ellos los que vienen a Europa a civilizarnos. Si Colón, Cortés y Pizarro no van a América en los siglos XV y XVI, es probable que en el XVII los emperadores aztecas o los incas nos hubieran enviado navegantes y conquistadores que hubieran descubierto, conquistado y civilizado la Europa allá a su modo.”

 

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