Obras de Juan Montalvo

Ficha bibliográfica

Serie:Historia 262
Portada:Marten van Valckenborch: Torre de Babel
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Descripción

En las Obras de Juan Montalvo son cuestionadas las clases militares, la amenaza de guerra civil, y  la necesidad de los partidos para gobernar con justicia. Juan Montalvo fue un autor polémico, enemigo de los dictadores, y  representó el espíritu liberal de su época. Este escritor ecuatoriano fue, además, un hábil ensayista.

 

Fragmento de la obra

A LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Las tres antiguas partes del mundo reclaman cada una para si la gloria de poseer en sus comarcas el paraíso terrenal, perdido para siempre desde la caída de nuestros padres: la Armenia respira todavía aquel ambiente deli­cioso del primer día de la creación, y sus frescas montañas se yerguen altivas, cual guardianes de la morada primitiva del género humano: el misterioso Nilo corre tal lamiendo las riberas encantadas de esos países donde resplandece la espada del ángel del Señor; y ni la fría Escandinavia cede un punto en orden al privilegio de haber sido la cuna de loo primeros hombres. El árbol de la sabiduría da un fruto muy preciado, jugoso, refri­gerante: dicen que es amargo, no importa; prolonga la existencia, y se lo disputan las naciones.
Y nosotros, hijos del Nuevo Mundo, fresca obra de la naturaleza, ¿no alzamos la voz en ese gran concurso donde loo pueblos se disputan el árbol de la sabiduría? Sostengamos que el paraíso terrenal estuvo, y está aún, a orillas del Amazonas, en una encañada perdida para nosotros porque no acertamos a buscarla; no damos con ella, pero oímos el gorjeo de sus aves, percibimos las aromáticas exhalaciones de sus flores, aun vemos las formas de sus collados y colinas en las nubes que las figuran, plantadas en el firma­mento, embebidas de esa luz purpúrea, riqueza de las horas en la zona tórrida. O ¿no estaría más bien en las impenetrables selvas del oriente, donde ruge el león, de donde el águila real se eleva y va gritando sublime por los aires, donde el Napo corre sobre su lecho de oro, murmurando profundo y majestuoso al pie de sus cedros y sus robles centenarios?
La sabiduría verdaderamente sabia no consiste en la posesión de las ciencias, de estas ciencias embrolladas que, a fuerza de desenvolverse han hecho la ignorancia de nuestros tiempos: Sócrates nada sabía, y era el más sabio de los hombres: no sabia combinar los principios elementales de la naturaleza, no seguía a los astros con vista artificial por sus órbitas inconmensurables, no hubiera podido romper las olas del mar por medio de un agente poderoso, y era sabio: no inventó la brújula ni el telescopio, y fue sabio: no multiplicó la muerte con la pólvora, y fue sabio: no se burló de la distancia, como Fulton, no anuló el tiempo con el telégrafo eléctrico y fue sabio: luego la sabiduría no consiste en saber, amigos míos, en saber cosas materiales.