Obras de Ramón de Palma

Ficha bibliográfica

Serie:Historia 298
Portada:Marten van Valckenborch: La torre de Babel
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Descripción

Obras de Ramón de Palma

 

Fragmento de la obra

Quince de abril

Mi dicha es el amor!
Tierra de Cuba,
Por los ardientes trópicos ceñida,
Tierra de luz, de palmas y de vida,
Mi dicha es el amor!
De tu espléndido sol, de tus estrellas,
De tus brisas del mar y de tus flores,
Se desprende el raudal de los amores
Que bebe el corazón.
Yo te bendigo ¡oh Cuba! porque un ángel
Te escogió por morada aquí en la tierra:
Yo te bendigo porque en mí se encierra
Una, alma para amar.
En mis sueños de amor, en mis delirios
Su imagen celestial me perseguía:
Mi vida entre ilusiones consumía
Sin ver su realidad.

Una noche por fin:— entre cristales
La luz reverberaba en los salones;
Y la sangre inflamaba con sus sones
La danza tropical.
Y al compás se agitaban mil bellezas
Que ropajes fantásticos vestían,
Y a mí cual las visiones se ofrecían
De un poeta oriental.
Y allí estaba! allí estaba!
Entre sus brazos
Un imbécil mancebo la llevaba.
Y en torno de su cuerpo revolaba
El aura del placer.
Y la vi palpitando; y por mi mente
Se cruzaron delirios de otro mundo;
Y entre raptos sentí de amor profundo
Mi vida renacer.
Ay! yo la amé: pero sus negros ojos
Sin querer con mis ojos se encontraron,
Y en mi alma cual fuego se estamparon,
Sin verme ellos a mí.
Y la amé con delirio!— y en su pecho
Ninguna voz mi amor le revelaba;
Y amarla en mi silencio imaginaba,
Amarla hasta morir.

Mas no pude callar; y sus encantos
A los cielos canté y a las estrellas,
Y fui siguiendo por do quier sus huellas,
Y en verla me embriagué.
En verla nada más: —y si a otro hablaba
Yo ansioso sus palabras recogía,
Y en cada acento el corazón bebía
Torrentes de placer.
Y ella entre tanto ignoraba
Que un ser en el mundo había.
Que con su voz se embriagaba,
Que con su vista vivía,
Sin esperanzas de más.
Y del tumulto indiscreto
Que ardiente en su torno gira,
Ninguno le dijo:— “mira,
Aquel te adora en secreto
Que oyendo y viéndote está.”
De mi pasión el delirio
Así incauto alimentaba,
Y el tiempo me reservaba
En premio de mi martirio,
Un instante— en que viví:
¡Quince de Agosto querido!
¡Día de eterna remembranza…!
Si de tu noche me olvido,
Que en mí muera la esperanza,
Que me olvide hasta de mí.

Por el inmenso gentío
La buscaba yo a mis solas;
Cual rompe un bajel las olas,
Y busca en cielo sombrío
La luz del astro polar.
Y la hallé!… sentada estaba…
Oh Dios! si comprendería
Que un mundo en mi mente ardía,
Y que aunque muerto callaba,
Muerto estaba por hablar.
Y bailé, bailé con ella,
Y oí mi nombre en su boca,
Sí, lo oí:— ¡ventura loca!
Y estreché su mano bella,
Y su cintura gentil.
De cerca vi su semblante,
De cerca su voz oía,
Y de amor y de armonía
En aquel feliz instante
Bañada el alma sentí.
Y le hablé como un amigo
Que llega de otras regiones,
Porque yo en mis ilusiones
La llevo siempre conmigo,
Y a verla me acostumbré.
Y como su nombre amado
Es de mi voz el acento,
Y se halla en mi pensamiento
Con sello eterno grabado,
Al hablarle— la nombré.

¡Oh noche! fuiste bastante
Para quien nada esperaba,
Y aunque ella en mí no pensaba,
Por prolongarte un instante
Diera yo mi corazón.
Mas solo quedé en la tierra,
Solo con mi pensamiento;
Con él mi pasión sustento,
Y en él mi vida se encierra,
Que es mi dicha— una ilusión!

Imprenta del Tiempo, La Habana, 1861.