Pensamiento jurídico-político

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Book Information

Serie:Leyes 109
Páginas:100
Portada:Modelo egipcio en barro de una casa. Met Museum
Edición anotada:Autores varios
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Descripción

Pensamiento jurídico-político. Justo Arosemena

 

Fragmento de la obra

Observaciones generales a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, de 1857

Dos consideraciones principales nos han movido a extender la historia constitucional de México más que la de los otros países objeto de los procedentes estudios: 1) la importancia y variedad de los sucesos en ésta, la más conspicua entre las colonias españolas del Nuevo Mundo;
2) el deseo que aquella misma importancia y variedad sugiere de someter los hechos al estudio de la filosofía política, a fin de obtener las naturales consecuencias que de su índole se desprenden.
A no ser por ciertos elementos perturbadores, la historia de la soberanía o del poder público se ajustaría probablemente en México, lo mismo que en cualquier otro pueblo, a la ley del desarrollo evolucionario, la más general y resumen, por decirlo así, de todas las leyes naturales. Es ella la que rasgó la niebla del éter cósmico, y concretadas sus partes en virtud del principio de la gravitación, ayudado de un primer movimiento, que la ciencia aún no ha acertado a explicar, imprimió la forma y las revoluciones a los cuerpos celestes. Ella la que, por el enfriamiento del primer fluido y las afinidades y las gravedades específicas de los cuerpos en fusión, los ha ido desprendiendo y precipitando sobre el globo terráqueo, o dejando en su atmósfera. Ella la que de una lava ardiente, y al parecer homogénea, ha entresacado todas las rocas, y de las rocas hecho germinar las plantas, y de las plantas embrionado el reino animal, incluso el último desenvolvimiento, el hombre. Ella la que del bimano polinesio, que hoy vacilamos en adjudicar al género bruto o al género humano, hizo el hombre salvaje, el bárbaro, el semibárbaro y el civilizado, que pueblan a Australia, África, Asia, Europa y América.
Y viniendo a nuestro propósito, es la misma ley la que fundó la socie­dad política sobre el núcleo de la sociedad doméstica, y por su desarrollo dio ocasión de ejercitar a las tendencias cerebrales que determinan el establecimiento del gobierno desde su forma rudimentaria hasta la más avanzada de los tiempos modernos. En virtud de esa ley, tan antigua como la materia, y que no engendra los cambios rigurosamente nece­sarios, sino cuando les llega su turno, del patriarcado nació la auto­cracia, de ella la monarquía moderada, y de ésta la república en todas sus variedades.
Forzar los cambios políticos es producir la revolución, a diferencia de la evolución que habría, por la propia virtud del progreso, desarrollado las formas oportunas y adecuadas: es también retardar ese pro­greso, que la impaciencia quisiera festinar; pero que esclavo sumiso de la evolución acompasada, no nace jamás antes de tiempo, si bien, suele engañar a los que engañarse quieren. Cuando se acelera artificialmente el movimiento político fabricando instituciones extemporáneas, la reacción no se hace aguardar y el progreso definitivo se retarda; como en la naturaleza física siguen la calma y el estancamiento a la tempestad, el calor excesivo al frío glacial, la sequía extrema a las lluvias torrenciales, las abundantes a las malas cosechas, y aun el vigor de las nuevas generaciones a las devastadoras epidemias.
Ningún hombre de estado sincero debe, por lo mismo, forzar los cambios políticos, alucinado con el benéfico efecto inherente a institu­ciones de su fantástica predilección. Porque no logrará su objeto, sino producir el desorden y el malestar, por la perturbación de la marcha normal que la naturaleza tiene prevenida. Estudiar esta marcha lle­vando en cuenta la etnografía, la historia, el suelo, el clima, y en suma, el medio ambiente de la nación a que sirve, es su tarea obligada; pero le resta aún algo más, y es evitar o conjurar, en cuanto de él dependa, las causas perturbadoras de la evolución natural, conocer su época e ilustrar la opinión pública acatándola cuando se ha pronunciado.
Siempre difícil la obra de constituir, lo es mucho más cuando se trata de un pueblo que hace por primera vez su aparición en el concierto de las naciones. Seis o siete millones de habitantes sobre una superficie de 200.000 leguas cuadradas componen una sociedad respetable, que demandaba de sus hijos la más asidua y escrupulosa consagración al estudio de sus primordiales necesidades, y los medios de satisfacerlas, en cuanto del gobierno dependiese, por medio de instituciones adecuadas a su condición, y por lo tanto, duraderas, civilizadoras, y por consiguiente, apropiadas al subsecuente desarrollo. Pero ¿cuáles son esas instituciones?