Poemas de Jorge Manrique

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Poesía 91
ISBN ebook:9788498970104
ISBN papel:9788496428676
Páginas:146
Portada:Juan de Valdés Leal: In ictu oculi
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Descripción

Como poeta cortesano, fue autor de numerosas canciones; pero lo mas destacable entre los Poemas de Jorge Manrique son sus Coplas, escritas tras la muerte de su padre, Rodrigo, y con motivo de ésta, por lo cual se les llama comúnmente Coplas a la muerte de su padre. En ellas, y superando los tópicos medievales de la poesía dedicada, elogiosa, escrita tras la muerte de personajes célebres, Manrique logra transmitir en sencillos pero hermosos versos un sincero y auténtico duelo y, a la vez, una honda reflexión filosófica.
Las Coplas son un breve poema de solo cuarenta coplas, algunas de las cuales se dirigen a su padre muerto; en el resto, su voz poética aborda la muerte en un sentido amplio, universal y de un alcance que lo hace todavía hoy motivo de admiración.

 

Fragmento de la obra

I
¡Oh, muy alto Dios de amor
por quien mi vida se guía!
¿Cómo sufres tú, señor,
siendo justo juzgador,
en tu ley tal herejía?
¿Que se pierda el que sirvió,
que se olvide lo servido,
que viva quien engañó,
que muera quien bien amó,
que valga el amor fingido?

 

II
Pues que tales sinrazones
consientes pasar así,
suplícote que perdones
mi lengua, si con pasiones
dijere males de ti.
Que no soy yo el que lo digo,
sino tú, que me hiciste
las obras como enemigo:
teniéndote por amigo
me trocaste y me vendiste.

 

III
Si eres Dios de verdad,
¿por qué consientes mentiras?
Si tienen en ti bondad,
¿por qué sufres tal maldad?
¿O qué aprovechan tus iras,
tus sañas tan espantosas
con que castigas y hieres?
Tus fuerzas tan poderosas
—pues comportas tales cosas—
di, ¿para cuándo las quieres?

 

IV. Responde el Dios amor
Amador: Sabe que Ausencia
te acusó y te condenó,
que si fuera en tu presencia,
no se diera la sentencia
injusta como se dio;
ni pienses que me ha placido
por haberte condenado,
porque bien he conocido
que perdí en lo perdido
y pierdo en lo que he ganado.

V. Replica el aquejado
¡Qué inicio tan bien dado,
qué justicia y qué dolor,
condenar al apartado,
nunca oído ni llamado
él ni su procurador!
Así que por disculparte,
lo que pones por excusa,
lo que dices por salvarte
es para más condenarte
porque ello mismo te acusa.