Poeta en Nueva York

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ISBN CM: 9788498973693

ISBN rústica: 9788499539058 SKU: 9788499539041 Categoría: Etiquetas: , , , ,

Descripción

Poeta en Nueva York reúne poesías de indudable inspiración surrealista, aunque bastante más lúgubres que la mayor parte de sus poemas. Escrito entre 1929-1930 en Nueva York, durante la residencia de Federico García Lorca como estudiante en la Universidad de Columbia, este libro fue publicado póstumamente en 1940. García Lorca, es testigo de la Nueva York asolada por la pobreza tras el crack de 1929. Escribe sobre la soledad y la desesperación en una ciudad de pesadilla donde deambulan seres oprimidos y reina la miseria. Algunos de los poemas están dedicados a los negros estadounidenses, en particular a los habitantes del barrio de Harlem. El poemario concluye, además, con dos odas, una de ellas dedicada a Walt Whitman, padre fundador de la poesía estadounidense moderna, y con dos valses para celebrar la partida de Nueva York, la llegada a La Habana y el encuentro con la animada música cubana, que transporta al poeta, y con él al lector, a las puertas de un lugar mucho más luminoso: el Sur.

 

Fragmento de la obra

Vuelta de paseo

Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.

Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.

Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.

Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.

Tropezando con mi rostro distinto de cada día.
¡Asesinado por el cielo!

 

1910

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una Luna incomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.

Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.

Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Allí mis pequeños ojos.

No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!

New York, agosto 1929.