Ratón Pérez

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 323
ISBN ebook:9788498973808
ISBN papel:9788499538785
Páginas:24
Portada:Giorgio Durante: Rata vista de perfil
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Descripción

Luis Coloma escribió esta versión de Ratón Pérez hacia 1894 cuando le pidieron un cuento para el futuro rey Alfonso XIII de España, que entonces tenía ocho años, y al que se le había caído un diente. Así Coloma retomó la célebre historia del Ratoncito, protagonizada, esta vez, por el Rey Buby, apodo usado por la reina María Cristina para llamar a su hijo Alfonso XIII.
El personaje del «Ratón Pérez» es conocido como «Ratoncito Pérez» en Hispanoamérica, excepto en algunas regiones de México, Chile y Perú, donde se le llama también «el Ratón de los dientes». Un origen probable del personaje y del hada que lo visita en las diferentes versiones del relato, proviene de un cuento francés del siglo XVIII de la baronesa d’Aulnoy titulado: El buen ratoncito.

 

Fragmento de la obra

Ratón Pérez

Sembrad en los niños la idea, aunque no la entiendan: los años se encargarán de descifrarla en su entendimiento y hacerla florecer en su corazón.

Entre la muerte del rey que rabió y el advenimiento al trono de la reina Mari-Castaña existe un largo y oscuro período en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones.
Fundó una fábrica de muñecos y caballos de cartón para los primeros, y sábese de cierto, que de esta fábrica procedían los tres caballitos cuatralbos, que regaló el rey don Bermudo el Diácono a los niños de Hissén I, después de la batalla de Bureva.
Consta también que el rey Buby prohibió severamente el uso de ratoneras y dictó muy discretas leyes para encerrar en los límites de la defensa propia los instintos cazadores de los gatos: lo cual resulta probado, por los graves disturbios que hubo entre la reina doña Goto o Gotona, viuda de don Sancho Ordóñez, rey de Galicia, y la Merindad de Ribas de Sil, a causa de haberse querido aplicar en ésta las leyes del rey Buby al gato del Monasterio de Pombeyro, donde aquella Reina vivía retirada.
El caso fue grave y sus memorias muy duraderas, por más que unos autores digan que el gato en cuestión se llamaba Russaf Mateo, y otros le llamen simplemente Minini. De todos modos el hecho resulta probado, aunque nada diga sobre ello Vaseo, ni tampoco lo mencione el Cronicón Iriense, y el bueno de don Lucas de Tuy haga como que se olvida del caso, quizá, quizá, por razones de conveniencia.
Consta también que el rey Buby comenzó a reinar a los seis años bajo la tutela de su madre, señora muy prudente y cristiana, que guiaba sus pasos y velaba a su lado, como hace con todos los niños buenos el ángel de su guarda.
Era entonces el rey Buby un verdadero encanto, y cuando en los días de gala le ponían su corona de oro y su real manto bordado, no era el oro de su corona más brillante que el de sus cabellos, ni más suaves los armiños de su manto que la piel de sus mejillas y sus manos. Parecía un muñequito de Sévres, que en vez de colocarlo sobre la chimenea, lo hubieran puesto sentadito en el trono.
Pues sucedió, que comiendo un día el Rey unas sopitas, se le comenzó a menear un diente.
Alarmóse la corte entera, y llegaron, uno en pos de otro, los médicos de Cámara. El caso era grave, pues todo indicaba que había llegado para S. M. la hora de mudar los dientes.
Reunióse en consulta toda la Facultad; telegrafióse a Charcot, por si venía complicación nerviosa, y decretóse al cabo sacar a S. M. el diente. Los médicos quisieron cloroformizarle, y el Presidente del Consejo sostuvo porfiadamente esta opinión, por ser él tan impresionable, que nunca dejaba de hacerlo cada vez que se cortaba el pelo.