Raza de bronce

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 20
ISBN ebook:9788490073834
ISBN papel:9788490076859
Páginas:288
Portada:Sombrero boliviano del siglo XVIII
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Descripción

Con Raza de bronce (1919), Alcides Arguedas inició la corriente literaria denominada «neoindigenismo», que retrata la realidad social, política, económica y cultural de los pueblos originarios de América Latina. La intención del autor es plasmar el dilema y enfrentamiento de identidades y sociedades caracterizadas por la heterogeneidad cultural. Con un trasfondo de evidente denuncia social, Raza de bronce es una de las primeras novelas latinoamericanas que narra la vida de los indígenas del altiplano de Bolivia.
El destacado hispanista Ernest Martinenche, profesor de la Sorbona, nos comenta de Raza de bronce: «Los tipos que viven o vegetan sobre esta tierra, ya fecunda, ya ingrata, parecen pintados con no menor justeza: poco a poco entramos en sus miserables moradas, en sus supersticiones. Los hechos solos hablan en su impasible lenguaje, más exasperante que las protestas más violentas».

 

Fragmento de la obra

El rojo dominaba en el paisaje.
Fulgía el lago como una ascua a los reflejos del Sol muriente, y, tintas en rosa, se destacaban las nevadas crestas de la cordillera por detrás de los cerros grises que enmarcan el Titicaca poniendo blanco festón a su cima angulosa y resquebrajada, donde se deshacían los restos de nieve que recientes tormentas acumularon en sus oquedades.
De pie sobre un peñón enhiesto en la última plataforma del monte, al socaire de los vientos, avizoraba la pastora los flancos abruptos del cerro, y su silueta se destacaba nítida sobre la claridad rojiza del crepúsculo, acusando los contornos armoniosos de su busto.
Era una india fuerte y esbelta. Caíale la oscura cabellera de reflejos azulosos en dos gruesas trenzas sobre las espaldas, y un sombrerillo pardo con cinta negra le protegía el rostro requemado por el frío y cortante aire de la sierra. Su saya de burda lana oscilaba al viento que silbaba su eterna melopea en los pajonales crecidos entre las hiendas de las rocas, y era el solo ruido que acompañaba el largo balido de las ovejas.
Inquieta, escudriñaba la zagala.