Historia de los heterodoxos españoles. Libro III. Cap. V. Reacción antiaverroísta. Teodicea luliana. Vindicación de Raimundo Lulio (Ramón Lull) y de R. Sabunde

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Serie:Religión 37
ISBN papel:9788498166323
Páginas:44
Portada:Francisco de Goya: Duelo a garrotazos
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Historia de los heterodoxos españoles. Libro III. Cap. V. Reacción antiaverroísta. Teodicea luliana. Vindicación de Raimundo Lulio (Ramón Lull) y de R. Sabunde

Fragmento de la obra

Capítulo V. Reacción antiaverroísta. Teodicea luliana. Vindicación de Raimundo Lulio (Ramón Lull) y de R. Sabunde

I. Noticias del autor y de sus libros. II. Teología racional de Lulio. Sus controversias con los averroístas. III. Algunas vicisitudes de la doctrina luliana. Campañía de Eymerich contra ella. R. Sabunde y su libro De las criaturas. Pedro Dagui, etc.

I. Noticias del autor y de sus libros

Pasaron, a Dios gracias, los tiempos de inaudita ligereza científica, en que el nombre del iluminado doctor sonaba como nombre de menosprecio, en que su Arte magna era calificada de arte deceptoria, máquina de pensar, jerga cabalística, método de impostura, ciencia de nombres, etc. ¡Cuánto daño hicieron Bacon y nuestro padre Feijoo con sus magistrales sentencias sobre Lulio, cuyas obras declaraban enteramente vanas, quizá sin haberlas leído! Es verdad que los lulianos, nunca extinguidos en España, se defendieron bien; pero, como el siglo pasado gustaba más de decidir que de examinar, dio la razón a Feijoo, y, por lo que toca a España, sus escritos se convirtieron en oráculo. Hoy ha venido, por dicha, una reacción luliana, gracias a los doctos trabajos e investigaciones de Helfferich, Roselló, Canalejas, Weyler, y Laviña, Luanco, etc., no todos parciales o apologistas de Lulio, pero conformes en estudiarle por lo serio antes de hablar de él. Ya no se tiene a Ramón Lull por un visionario, o a lo sumo por inventor de nuevas fórmulas lógicas, sino por pensador profundo y original, que buscó la unidad de la ciencia y quiso identificar la lógica y la metafísica, fundando una especie de realismo racional; por verdadero enciclopedista; por observador sagaz de la naturaleza, aunque sus títulos químicos sean falsos o dudosos; por egregio poeta y novelista, sin rival entre los cultivadores catalanes de la forma didáctica y de la simbólica, y, finalmente, por texto y modelo de lengua en la suya nativa. El pueblo mallorquín sigue venerándole como a mártir de la fe católica, la Iglesia ha aprobado este culto inmemorial, y se han desvanecido casi del todo las antiguas acusaciones contra la ortodoxia luliana.
Ellas serán el único objeto de este capítulo, si bien juzgo conveniente anteponer algunas noticias biográficas y bibliográficas. La vida de Lulio, el catálogo de sus libros o la exposición de su sistema, sería materia, no de breves páginas, sino de muchos y abultados volúmenes, sobre los ya existentes, que por sí solos forman una cumplida biblioteca.
La biografía de Lulio es una novela: pocas ofrecen más variedad y peripecias. Nacido en Palma de Mallorca el 25 de enero de 1235, hijo de uno de los caballeros catalanes que siguieron a don Jaime en la conquista de la mayor de las Baleares, entró desde muy joven en palacio, adonde le llamaba lo ilustre de su cuna. Liviana fue su juventud, pasada entre risas y devaneos, cuando no en torpes amoríos. Ni el alto cargo senescal que tenía en la corte del rey de Mallorca, ni el matrimonio que por orden del monarca contrajo, fueron parte a traerle al buen camino. La tradición, inspiradora de muchos poetas, ha conservado el recuerdo de los amores de Raimundo con la hermosa genovesa Ambrosia del Castello (otros la llaman Leonor), en cuyo seguimiento penetró una vez a caballo por la iglesia de santa Eulalia, con escándalo y horror de los fieles que asistían a los divinos Oficios. Y añade la tradición que solo pudo la dama contenerle mostrándole su seno devorado por un cáncer.