Relatos de Tristán de Jesús Medina

1.00

Agotado

Book Information

Serie:Narrativa 145
ISBN ebook:9788499534367
ISBN papel:9788499534374
Páginas:140
Portada:Cartel de la Sociedad abolicionista española
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Descripción

Los Relatos de Tristán de Jesús Medina reflejan su mundo interior. Medina hizo su formación académica en La Habana y en Filadelfia. Estudió latín y griego. Pronto dio a conocer en el periódico El Redactor su novela Una lágrima y una gota de rocío. En 1852 comenzó a publicar en el periódico El Orden su novela Un joven alemán. Y en 1854 editó los cuadernos No me olvides, redactados casi enteramente por él, donde publicó los primeros capítulos de su novela El Doctor In-Fausto y algunas poesías. Colaboró en Diario de La Habana, la Revista de La Habana y La Verdad Católica. Medina siempre estuvo atrapado en la búsqueda de una verdad transcendente que debería aflorar a través de la literatura.

 

Fragmento de la obra

LOS INOCENTES

I. Nieve
Aunque viviera yo cien años y otros cientos, no es posible que aquel recuerdo se aparte de mi memoria.
Pero sucederá lo mismo con la tristísima historia que quiere escribir hoy mi pluma fiel, inspirada por aquel recuerdo. ¿Habrá para mi modesto cuentecito corazones tan fieles como mi corazón, o siquiera como mi pluma? Mucho me temo que corra al maremagnum de las historias modernas, como todas las cosas inútiles al río del olvido o como todos los ríos al océano profundo, en que pierden el nombre y la dulzura de sus aguas.
Pues, señor; era uno de aquellos días melancólicos del mes de diciembre de 1863, días oscuros e incompletos, como remiendos de noche, fríos y muy fríos, como muertos, desapacibles y enfermizos, que hacían perfectamente exacta la expresión de que el año estaba en las últimas boqueadas. Efectivamente aquel año no se fue, se murió. ¡Qué de nieve! ¡Dios mío! ¡Qué de nieve!
Como las calles estaban alfombradas de nieve y el cielo de color de plomo, y por varios puntos de color de tierra, parecía que la luz le venía al mundo, no de arriba como siempre, sino de abajo como en los teatros.
Era aquella una luz de blandón que alumbra mal porque se corre. La nieve, sin duda, se corría bajo las pisadas de los hombres y se derretía convirtiéndose en lodo nauseabundo.
Y luego la nieve tiene una propiedad muy mala y es que todo a su lado parece sucio o negro. Algunas cosas que se comparan con la nieve por la blancura y la pureza que las realza, ensucian también y oscurecen aquello que tocan en vez de iluminarlo con su blancura. Por eso yo desconfío de todo lo que es como la nieve.
Aquella nevada abundantísima de la noche de Navidad y de los primeros días de la Pascua del 1863, pesaba como un sudario sobre la populosa capital. Pero pesaba más sobre las almas.
No se percibían por las calles los cantares, las risas, los tambores, las gaitas, los mil ruidos que en otros años celebran al misterioso recién nacido. Esta vez, todo indicaba que se moría alguno.
La Plaza Mayor llena de comida, de montañas de comida, indicaba claramente que al enfermo le mataba una indigestión sin remedio.