Santa Rosa del Perú

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 301
ISBN ebook:9788498978230
ISBN papel:9788498160475
Páginas:142
Portada:Escuela del Cuzco: Santa Rosa de Lima con el niño Jesús
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Descripción

En esta pieza Agustín Moreto y Cabaña relata la historia de Santa Rosa del Perú, quien vistió en 1606 el hábito de Terciaria Dominica y se recluyó en una cabaña. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era una corona de espinas. Su amor a Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de Él, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía. Durante quince años sufrió la persecución de sus amigos y conocidos, mientras su alma se sumía en la más profunda desolación espiritual. El demonio la molestaba con violentas tentaciones y el único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y descansase. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos la examinó y dictaminó que sus experiencias eran sobrenaturales. Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de don Gonzalo de Massa, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la enfermedad que precedió a su muerte, rezaba: «Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor». Murió el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen cantando los músicos, detrás de ellos don Juan, y don Gonzalo, como de ronda.)

Músicos «Ser Reina de las Flores,
la Rosa es la común,
y de las Reinas, Reina
la Rosa del Perú.
Teniendo a Lima el cielo
envidia de su luz,
trocaron sus Estrellas
el nácar al azul.
Engrandézcase el Perú,
si la plata le enriquece,
que la Rosa le ennoblece
con belleza y con virtud.»

Juan Celebrad su nombre, amigos,
y de esta Rosa el aplauso
nunca cese, pues por ella
en Lima es perpetuo el Mayo.
Celebrad a Rosa, que hace
Cielos de Lima los Prados,
pues su hermosura empobrece
toda la luz de los Astros.

Gonzalo Otra vez, don Juan, os doy
la enhorabuena, y los brazos,
pues soy quien en esta dicha
por vuestro amigo más gano.

Juan Siempre de nuestra amistad,
soy yo el deudor, Don Gonzalo,
pero hoy os debe mi amor
todo el fin de mis cuidados:
por vos de la bella Rosa
espero lograr la mano,
y por vos he merecido
ser yo escogido entre tantos.