Sonetos de Garcilaso de la Vega

Ficha bibliográfica

Serie:Poesía 142
ISBN ebook:9788498978018
ISBN papel:9788498167412
Páginas:52
Portada:Raffaello Sanzio: Los Desposorios de la Virgen
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Descripción

Los Sonetos de Garcilaso de la Vega fueron escritos en su mayoría en la década de 1520, durante el periodo en que en su obra se deja notar el influjo de Petrarca y de otros poetas del Renacimiento italiano, en los Sonetos Garcilaso se ocupa de temas mundanos como la belleza y el amor al tiempo que admite su carácter efímero. Pero además de rescatar los tópicos de la poesía clásica latina, con los sonetos el poeta adaptaba los versos de once sílabas a la lengua española y, al pasar de las ocho a las once sílabas, no solo introducía en España el estilo lírico del Renacimiento italiano sino una forma que cambiaría para siempre la poesía en nuestra lengua. Ello explica que se lo considere como el precursor del llamado Siglo de Oro, pues su obra influiría a la mayoría de los grandes poetas españoles posteriores, desde fray Luis de León, Cervantes y san Juan de la Cruz hasta Lope de Vega, Góngora y Quevedo.

 

Fragmento de la obra

Soneto I

Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estoy olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido:
sé que me acabo, y mas he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si quisiere, y aun sabrá querello:

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

 

Soneto II

En fin, a vuestras manos he venido,
do sé que he de morir tan apretado,
que aun aliviar con quejas mi cuidado,
como remedio, me es ya defendido;

mi vida no sé en qué se ha sostenido,
si no es en haber sido yo guardado
para que solo en mí fuese probado
cuanto corta una espada en un rendido.

Mis lágrimas han sido derramadas
donde la sequedad y la aspereza
dieron mal fruto dellas y mi suerte:

¡basten las que por vos tengo lloradas;
no os venguéis más de mí con mi flaqueza;
allá os vengad, señora, con mi muerte!

 

Soneto III

La mar en medio y tierras he dejado
de cuanto bien, cuitado, yo tenía;
y yéndome alejando cada día,
gentes, costumbres, lenguas he pasado.

Ya de volver estoy desconfiado;
pienso remedios en mi fantasía;
y el que más cierto espero es aquel día
que acabará la vida y el cuidado.

De cualquier mal pudiera socorrerme
con veros yo, señora, o esperallo,
si esperallo pudiera sin perdello;

mas no de veros ya para valerme,
si no es morir, ningún remedio hallo,
y si éste lo es, tampoco podré habello.