Sueños

3.00

Book Information

Serie:Narrativa 240
ISBN ebook:9788498977639
ISBN papel:9788498167238
Páginas:122
Portada:Francisco de Goya: Capricho 43
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Descripción

El título completo de estas piezas de Francisco de Quevedo, a medio camino entre la crónica y la narración, es Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños, en todos los oficios y estados del Mundo. El texto fue escrito, poco a poco, entre 1606 y 1623, y de él circularon abundantes Manuscritos, aunque no se imprimieron juntos hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiración lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su época, siempre con una intención crítica y de denuncia casi periodística y con un andamiaje narrativo (incluidos los diálogos) en los que hay una presentación, una exposición de personajes y hechos y un epílogo.
Las cinco piezas de los Sueños son: El sueño del Juicio Final (llamado también después El sueño de las calaveras); El alguacil endemoniado (retitulado El alguacil alguacilado); El sueño del Infierno (o Las zahúrdas de Plutón, en otra versión); El mundo por de dentro (que mantuvo ese título siempre) y El Sueño de la Muerte (también conocido como La visita de los chistes).

 

Fragmento de la obra

Parecióme, pues, que veía un mancebo que discurriendo por el aire daba voz de su aliento a una trompeta, afeando con su fuerza en parte su hermosura. Halló el son obediencia en los mármoles y oído en los muertos, y así al punto comenzó a moverse toda la tierra y a dar licencia a los güesos, que andaban ya unos en busca de otros; y pasando tiempo, aunque fue breve, vi a los que habían sido soldados y capitanes levantarse de los sepulcros con ira, juzgándola por seña de guerra; a los avarientos con ansias y congojas, celando algún rebato; y los dados a vanidad y gula, con ser áspero el son, lo tuvieron por cosa de sarao o caza. Esto conocía yo en los semblantes de cada uno y no vi que llegase el ruido de la trompa a oreja que se persuadiese que era cosa de juicio. Después noté de la manera que algunas almas venían con asco, y otras con miedo huían de sus antiguos cuerpos. A cuál faltaba un brazo, a cuál un ojo, y diome risa ver la diversidad de figuras y admiróme la providencia de Dios en que estando barajados unos con otros, nadie por yerro de cuenta se ponía las piernas ni los miembros de los vecinos. Solo en un cementerio me pareció que andaban destrocando cabezas y que vía un escribano que no le venía bien el alma y quiso decir que no era suya por descartarse della.

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