Teatro de Juan Valera

1.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 379
ISBN ebook:9788498979626
ISBN papel:9788498163346
Páginas:270
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Descripción

Esta antología de Teatro de Juan Valera contiene las siguientes obras:

Amor puesto a prueba
Asclepigenia
Estragos de amor y celos
Gopa
La venganza de Atahualpa
Lo mejor del tesoro
Los telefonemas de Manolita

 

Fragmento de la obra

Amor puesto a prueba

Acto primero
Sala en la casa de la condesa. Muebles sencillos, pero elegantes; mesa con recado de escribir; plantas y flores en macetas y en vasos de porcelana; jaulas con canarios. Puertas laterales y en el foro.

Escena I
Luisa. Alfredo.
(Luisa sale apresurada y Alfredo la persigue.)

Luisa: No sea usía terco y déjeme en paz. En tan continuo sobresalto yo no puedo vivir. Si no se enmienda, si en adelante no es juicioso, tendré que decírselo todo a mi tío, me iré a vivir con él y dejaré sola a la señora condesa.

Alfredo: Luisa, no seas tan arisca conmigo ni me amenaces de ese modo. ¿Qué pretexto, podríais dar, tu tío y tú, para irte del lado de mi madre que te ha cobrado tanto cariño? ¿Seríais capaces de delatarme a mamá por el inocente delito que yo cometo, imitándola en quererte como ella te quiere?

Luisa: Si usía me quisiera como me quiere su mamá, yo no diría nada; pero usía me quiere de otro modo.¿Dónde ha visto usía que su mamá corra detrás de mí, me persiga, intente abrazarme… Vamos, vamos, los tales quereres son muy diversos.

Alfredo: El mío es más tierno, más vehemente.

Luisa: Yo no sé lo que será; solo sé que el de usía pudiera ser peligroso, si no fuese yo, aunque me esté mal el decirlo, tan poco aficionada a devaneos, tan desconfiada de los hombres, tan prevenida contra sus maldades y tan instruida por las madres en el catecismo y en la moral cristiana.

Alfredo: Pero muchacha, ¿qué disparates estás ensartando? El santo temor de Dios guárdalo para no pecar en otras cosas… En quererme a mí no pecas ni te ofendes. Nada tan natural como que tú me quieras. ¿En qué se opone esto a tu moral y a tu catecismo? ¿No podemos querernos con buen fin?

Luisa: ¡Huy, huy, señorito Alfredo! Usía delira. Eso es pasar de Herodes a Pilatos. Líbreme Dios de caer en tentación; líbreme Dios de enamorarme de usía y de ser su víctima. Solo de pensarlo la cara se me pone roja de vergüenza. Pero líbreme Dios también de aparecer como seductora y de que la Condesa de Pozo-Dulce pueda acusarme con razón de haber entrado en su casa y ganado su confianza para levantarle a usía de cascos y para moverle a emplear seriamente su voluntad en persona de clase tan inferior como yo soy. ¡Dios mío! Bonita se pondría mi señora la condesa, si entendiese que usía estaba enamorado de mí! Sería muy mal avío y muy pícaro medio para salir de las dificultades en que ustedes se hallan. Pues qué, ¿imagina usía que ignoro yo los proyectos y planes de su mamá?