Un desafío

Book Information

Serie:Teatro 167
ISBN ebook:9788499534787
ISBN rústica:9788498163575
Páginas:76
Portada:Pistolas de duelo
Category:
Author:
Categoría: Etiquetas: ,

Descripción

Un desafío. Mariano José de Larra

 

Fragmento de la obra

Acto I

El primer acto pasa en el palacio de Windsor, en Londres.

El teatro representa una sala de Windsor; puertas en el fondo; a la izquierda la cámara del rey, a la derecha la de la reina.

Escena I

Sidney, sentado, con un billete en la mano; Williams, en pie delante de él.

Williams: Se me ha respondido que el lord canciller sigue malo; sin embargo, no he podido verle.

Sidney: Bien está.

Williams: Tres días hace ya que no se ha presentado nadie de parte del rey a informarse de la salud del duque de Buckingham, y esta repentina indiferencia de Su Majestad ha chocado mucho en el palacio del lord canciller.

Sidney: ¿Qué importa?

Williams: Como la última entrevista del rey y de su excelencia fue muy acalorada, hay quien empieza a temer su caída, y no falta quien la atribuye al conde de Warwick.

Sidney: ¿A mí? Basta.

Williams: Para prevenir sin duda el golpe que le amaga, ha entrado el lord canciller en negociaciones con la reina.

Sidney: ¿Con la reina?

Williams: Cuando yo entraba en el palacio de Buckingham salía de él su primera dama lady Isabel Howard, viuda del lord tesorero, conde de Salisbury.

Sidney: ¿lady Howard? ¿Es posible? Déjame.

Williams: ¿El señor conde asistirá al baile de la reina?

Sidney: No sé: sí: no me esperes hasta muy tarde.

(Williams sale por el fondo.)

Escena II

Sydney: ¡Isabel en el palacio del canciller! ¿Qué causa puede conducirla allí? ¿Y qué secreto puede tener que confiarme?

(Lee el billete que tiene en la mano.)

No vayáis hoy a caza con el rey; antes de que vuelva Su Majestad vendré por la puerta secreta de la cámara de la reina.» Aun me parece que siento su mano trémula al deslizar este billete en la mía. ¡Mudar tan repentinamente Isabel, que por espacio de un año entero no ha correspondido a mi amor sino con una reserva, una seriedad calculada!… ¡Ah, acaso soy injusto con ella! ¿No he visto yo mismo, siempre que desechaba mis obsequios, agolparse las lágrimas a sus ojos? Sí, ¡me ama! Sin embargo, ningún favor suyo puede justificar en mi esta esperanza lisonjera. Pero el tiempo se pasa; el rey no puede tardar en volver. ¡Ella es!