Viaje de Turquía

Ficha bibliográfica

Serie:Historia-Viajes 425
ISBN ebook:9788498970890
ISBN papel:9788498166644
Páginas:426
Portada:Soldados otomanos del siglo XVIII
Prólogo de:Antonio García Solalinde
Notas de:Antonio García Solalinde
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Descripción

El Viaje de Turquía de Cristóbal de Villalón es un relato dialogado de un viaje por Turquía desde la perspectiva de un viejero español del siglo XVI.

 

Fragmento de la obra

Juan: La más deleitosa salida y más a mi gusto de toda la ciudad y de mayor recreación es ésta del camino francés, así por la frescura de las arboledas, como por gozar de la diversidad de las gentes, variedad de naciones, multitud de lenguas y trajes que señor Santiago nos da por huéspedes en este su peregrinaje.

Mata: Como todas las cosas que debajo de la Luna están tienen su haz y envés, tampoco ésta se puede escapar, por donde yo la tengo poco en uso.

Juan: Al menos es cierto que aunque Dios la criara perfecta, en vuestra boca no le tiene de faltar un «sino», como es de costumbre; ¿qué tacha o falta tiene?

Mata: No me la iréis a pagar en el otro mundo, así Dios me ayude.

Juan: Si no me habláis más alto, este aire que da de cara no me deja oír.

Mata: Digo que es gran trabajo que por todo el camino a cada paso no habéis de hablar otra cosa sino «Dios te ayude». Verdaderamente, como soy corto de vista, aquel árbol grueso y sin ramas que está en medio del camino todas las veces que paso junto a él, pensando que me pide, le digo: «Dios te ayude».

Juan: Buen remedio.

Mata: Eso es lo que deseo saber.

Juan: Darles limosna y callar.

Mata: A solo vos es posible tal remedio, que como sois de la compañía de Juan de Voto a Dios no pueden faltar, por más que se dé, las cinco blancas en la bolsa; pero a mí que soy pobre, mejor me está demandar que dar.

Juan: Nadie es tan pobre que alguna vez no tenga que dar una blanca, o un poco de pan, o al menos un pedazo de compasión de no tener que dar y dolerse del pobre; pero vos sois amigo de beber la tarja que sobra y no acordar que hay mañana.

Mata: La mayor verdad es que al propósito se puede decir, y por tal no la contradigo, y pues jugamos el juego de decirlas, quiero también yo salir con la mía.

Juan: No de manera que muerda ni queme.

Mata: No dejará señal más que un rayo. Veinte y más años ha que nos conocemos y andamos por el mundo juntos, y en todos ellos, por más que lo he advertido, me acuerdo haberos visto dar tres veces limosna; sino al uno: «¿por qué no sirves un amo?»; al otro: «gran necesidad tenía Santiago de ti»; al otro: «en el hospital te darán de cenar»; y a vueltas de esto, mil consejos airadamente porque piensen que con buen celo se les dice. Pues el «Dios te ayude», ¿yo de quién lo aprendí sino de vos, que en mi tierra a solos los que estornudan se les dice esa salutación? Creo que pensáis que por ser de la casa de Voto a Dios sois libre de hacer bien, como quien tiene ya ganado lo que espera; pues mándoos yo que a fe no estáis más cerca que los que somos del mundo, aunque más hospitales andéis fabricando. Mas dejado esto aparte, en todo el año podíamos salir a tiempo más a vuestro propósito: ¿no miráis cuánto bordón y calabaza?, ¿cómo campean las plumas de los chapeos? Para mí tengo que se podría hacer un buen cabezal de las plumas del gallo de señor Santo Domingo. Bien haya gallo que tanto fruto de sí da. Si como es gallo fuera oveja, yo fiador que los paños bajaran de su precio. ¿Pensáis que si el clérigo que tiene cargo de repartirlas hubiera querido tratar en ellas que no pudiera haber enviado muchas sacas a Flandes?