Vida del padre maestro Juan de Ávila

ISBN rústica: 9788498163469

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Descripción

Esta Vida del padre maestro Juan de Ávila escrita por fray Luis de Granada estuvo muy influido por el místico Juan de Ávila, cuya vida aquí se recoge, y ello levantó las sospechas de la Inquisición.

 

Fragmento de la obra

Aquel solícito padre de familias que a todas las horas del día anda cogiendo obreros para cultivar su viña, jamás deja pasar edad alguna que no despierte algunos muy señalados obreros, que con su trabajo e industria ayuden a esta labor. Entre los cuales fue Él servido de llamar este nuevo obrero, cuya vida comenzamos a escribir para gloria del mismo padre de las familias y de este obrero que Él escogió, suplicando al mismo padre que, pues este siervo suyo; pues es justo que sea glorificado en la tierra el que tanto procuró todo el tiempo que vivió glorificar al que reina en el cielo.
Y aunque va poco en saber el origen de los padres que los siervos de Dios tuvieron en la tierra, pues tienen a Dios por padre en el cielo, todavía se suele esto escribir para gloria de la tierra que este fruto produjo, y de los padres que lo engendraron. Fue, pues, este siervo de Dios natural de Almodóvar del Campo, que es en el arzobispado de Toledo. Sus padres eran de los más honrados y ricos de este lugar y, lo que más es, temerosos de Dios; porque tales habían de ser los que tal planta habían de producir; y no tuvieron más que solo este hijo.
Siendo él mozo de edad de catorce años, le envió su padre a Salamanca a estudiar Leyes, y poco tiempo después de haberlas comenzado le hizo Nuestro Señor merced de llamarle con un muy particular llamamiento. Y, dejado el estudio de las Leyes, volvió a casa de sus padres; y como persona ya tocada de Dios, les pidió que le dejasen estar en un aposento apartado de la casa, y así se hizo, porque era extraño el amor que le tenían. En este aposento tenía una celda muy pequeña y muy pobre, donde comenzó a hacer penitencia y vida muy áspera. Su cama era sobre unos sarmientos, y la comida era de mucha penitencia, añadiendo a esto cilicio y disciplinas. Los padres sentían esto tiernamente; mas no le contradecían, considerando, como temerosos de Dios, las mercedes que en esto les hacía. Perseveró en este modo de vida casi tres años. Confesábase muy a menudo, y su devoción comenzó por el Santísimo Sacramento, y así estaba muchas horas delante de él; y de ver esto, y la reverencia con que comulgaba, fueron muy edificados así los clérigos como la gente del lugar. Pasando por allí un religioso de la Orden de San Francisco, y maravillado de tanta virtud en tal edad, aconsejó a él y a sus padres que lo enviasen a estudiar a Alcalá, porque con sus letras pudiese servir mejor a Nuestro Señor en su Iglesia y así se hizo.